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josefina bueno

Un festival de cine ‘neutro’

A propósito de la serie protagonizada por Kate Winslet, Mare of Easttown, escribía hace poco que son muchas las actrices que denuncian las dificultades que encuentran para que les ofrezcan papeles protagonistas a partir de una cierta edad, y que los hombres pueden protagonizarlos sin estar sujetos a ninguna norma cultural o imperativo estético. Esta semana, el director del Festival de Cine de San Sebastián, José Luis Rebordinos, anunciaba una novedad histórica: este año no habrá distinción entre hombres y mujeres en sus premios. La modificación permitirá galardonar “identidades que no se adscriben a los géneros masculino o femenino”. Según el director, “el cambio obedece a la convicción de que el género deja de ser un criterio y se trata de distinguir entre buenas y malas actuaciones”. Puede haber detrás una intención loable de premiar sólo la actuación, pero existe el peligro de eliminar unas categorías que dan visibilidad a quien menos la tiene. Si, a partir de ahora, la categoría sexo/género queda eliminada sólo se atenderá a una meritocracia que ignora los condicionantes de género que sufrimos las mujeres en cualquier ámbito profesional. Argumenta el director que “el cambio obedece a la convicción de que el género, una construcción social y política, deja para nosotros de ser un criterio de distinción en la actuación”. Precisamente por ser una construcción social, el género encasilla a hombres y mujeres en determinados roles, estereotipos o actitudes que les son atribuidos a cada uno de los sexos. Así cuando se habla, por ejemplo, de perspectiva de género en el cine, se hace alusión a una herramienta que busca mostrar que las diferencias entre mujeres y hombres se dan no sólo por su determinación biológica, sino también por las diferencias culturales asignadas a cada sexo.

Podría entender la decisión si partiésemos de una situación de igualdad, pero no es así. Existe desigualdad entre la cantidad de personajes femeninos y masculinos en las propuestas donde la balanza se inclina de un lado. Ellos dirigen más que ellas, firman más guiones, componen más bandas sonoras; ellas sólo son más en la categoría de “Diseño y vestuario”. Esto es lo que se desprende del informe de la Asociación de Mujeres Cineastas CIMA de 2020 que muestra que las películas que dirigen las mujeres cuentan de media con menos presupuesto que las dirigidas por hombres o que la representatividad de las mujeres en los puestos de mayor responsabilidad del largometraje español en el año 2020 es de un 33% frente al 67% de hombres. Según la Ley de Igualdad de 2015 estamos ante un ámbito profesional masculinizado –las mujeres no alcanzan el 40%-, y en el que los cargos en los que ellas están más representadas son los más bajos en la pirámide laboral. Todas recordamos el lema “Más Mujeres” que se exhibió en la gala de los Goya del año 2018 como reivindicación por la igualdad entre hombres y mujeres. Había 30 mujeres nominadas de 135 aspirantes y sólo nueve se llevaron el Goya. La edición de 2020 registró incluso una caída de premiadas respecto a 2018 y 2019. Pero como opina la guionista e integrante de CIMA, Virginia Yagüe, en su cuenta de Twitter: “Como guionista compito con mis compañeros/as sin que el género/sexo (al menos de una forma directa desde la convocatoria laboral, aunque hay otras condiciones discriminatorias) condicione mis opciones al acceso bajo ese parámetro. No ocurre lo mismo con la interpretación. Esta medida va en contra de las oportunidades y la visibilidad de las actrices y adquiere una dimensión mayor y más grave si pensamos que las películas generan modelos sociales de referencia”. Reflexionemos: ¿En el mundo de la interpretación, los condicionamientos culturales que sufren las mujeres son los mismos que los de sus colegas masculinos? ¿El paso del tiempo pesa más en ellas y se las encasilla en determinados roles mucho más que a sus colegas masculinos? ¿Cómo confluyen los estereotipos de sexo/género y etnia en un actor/actriz afro? Me temo que hay materia para el debate.

Desconozco el motivo de una decisión que ha seguido la estela del Festival de Berlín, pero el objetivo debería ser la igualdad entre hombres y mujeres y ésta no se ha conseguido ni en éste ni en muchos otros ámbitos profesionales. Por ello, considero que la distinción por sexo en los premios no debería desaparecer mientras las mujeres estén infrarrepresentadas. Sin ese criterio, carecemos de datos y sin datos, nos quedamos sin argumentos. La distinción sexo/género en el cine y en el audiovisual junto a los datos desagregados por sexos son necesarios para conocer la representatividad de hombres y mujeres en la profesión, la proporción de premiadas y premiados, y lo que es más importante: Cómo se aborda la imagen masculina y femenina, qué estereotipos culturales actúan sobre ellas y cómo reproducen los roles sociales. Todo ello configura un potente imaginario colectivo. La eliminación de la categoría masculino / femenino en los premios podría reforzar el predominio masculino en un ámbito -el cine, el audiovisual- que reproduce los condicionantes culturales de cada sexo, fija modelos sociales, y podría anular los estudios y análisis realizados en base a este criterio.

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