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Pilar Ruiz Costa

escritos dominicales

Pilar Ruiz Costa

Humor y testosterona

El mundo del humor ardía esta semana. La del mechero, Laura Sánchez, directora de La Chocita del Loro, una conocida sala de comedia de la capital. Al ser preguntada por la guionista Pilar de Francisco en una entrevista en la Cadena Ser sobre por qué hay tan pocas mujeres en la programación de su teatro —en cartel una cómica frente a 26 cómicos—, Sánchez alegó que «es que mucho del humor que hacen las mujeres es como de víctimas o muy feminista» y eso «el público variopinto no lo compra».

Las polémicas declaraciones han puesto en pie de guerra a las cómicas hasta los mismísimos, pero también han indignado a público y medios. Con el ruido de las nueces, al menos dos de los cómicos que sí estaban contratados en el local publicaron su renuncia. «Tachar el humor de las cómicas de muy feminista, haciendo el hincapié en el ‘muy’; decir que el humor puede ser feminista como un problema es terrible. El feminismo no puede considerarse como algo peligroso, sino como radicalmente necesario», alegaba Jaime Caravaca, que cancelaba su actuación prevista para esa misma tarde. La Chocita emitió un comunicado pidiendo disculpas «a las personas que puedan haberse sentido ofendidas por las declaraciones desafortunadas», sin retractarse una palabra. Sin propósito de enmienda. Y la Unión de Actores y Actrices emitió otro que arrancaba con un: «El humor no tiene género». Mientras, la cómica novel Nadin Din sacaba a la luz un correo del pasado septiembre dirigido a la directora de La Chocita, tratando de que la permitieran participar en uno de los ‘open mic’ (pruebas de textos con público) de la sala: «He preguntado por el Open y me han dicho que te escribiera a ti». La respuesta publicada y firmada por Sánchez no hace puñetera gracia: «Cuentas con tres posibilidades para participar en el open: A. Tener pene, B. Saber comer penes, C. Cualquiera de las anteriores es correcta». Nadine, que afirmaba no estar para nada orgullosa de su respuesta, le escribió: «Cuando me des fechas ahí estaré, dispuesta a comer pollas».

Y ya con el loro descarrilado, cuesta abajo y sin frenos, Francisco Carretero, gerente de la sala, argumentaba a ‘El País’ que «el nivel de las cómicas que hay en España necesita un tiempo, hay que darles uno o dos años para que estén a la altura de los cómicos que hay en La Chocita». Un rápido vistazo al cartel demuestra que la afirmación no es un chiste: en las 102 actuaciones programadas para el mes de julio entre sus tres salas, solo aparecen dos mujeres.

Pero mal haríamos si concentráramos todos los males perpetrados contra las féminas del sector en una sola sala. Este disparate no hace más que evidenciar un machismo que, calando hasta las costuras de nuestra sociedad, por supuesto que aún sitúa a las mujeres como profesionales de segunda. Hasta que se rebelan. Hasta que alguna grita «¡Hasta el coño ya!» logrando que todos miremos a lo que es su día a día. Cómicas extraordinarias que se la juegan para subir a un escenario. Antes incluso de enfrentarse al público, superando los abruptos ‘límites del humor’ que, siendo mujer, empiezan con los programadores.

Que el humor es un asunto muy serio lo sabíamos desde antes de este loro desbocado, pero quizá toca recordar que, mucho más allá de hacernos reír, el cómico, la cómica, asume también la tarea de llevar al escenario los defectos de nuestra sociedad. En clave de humor, pero sin pelos en la lengua, despliega los estereotipos latentes en el imaginario colectivo y nos descubre nuestros propios prejuicios. Uno no se ríe del cómico, sino de todo lo que en él, en ella, se ve reflejado. No en vano, el gran éxito de la ‘stand up comedy’ en Estados Unidos vino de la mano de los grandes discriminados: negros y judíos. Pero también suena, hoy, en femenino nacional, hablando de machismo, menstruaciones, cánones de belleza, sexo, maternidad, política o fútbol. O aún más grave, por ejemplo, en la voz de Bianca Kovacs, rumana de origen, o de Asaari Bibang, nacida en Guinea que, entre risas, nos acercan a las miserias de la xenofobia y el racismo. ¿Quién mejor que quienes han sufrido en sus carnes los prejuicios y qué mejor arma que la risa para desmontarlos? ¿Cómo descartar, de un plumazo, lo que tiene que decir el 51 % de la población y cómo no van a rebosar sus espectáculos victimismo y feminismo? ¿De verdad los cómicos de la Chocita no se percataron del olor a machismo hasta que estalló el escándalo?

Una campaña navideña decía más o menos: «¿Cómo saber si un juguete es para niño o para niña? ¿Utilizas los genitales para jugar con él? Si la respuesta es ‘sí’, no es un juguete infantil; si la respuesta es ‘no’, es tanto para niños como para niñas». Y ese sería el resumen: mientras sea la inteligencia y no los genitales los que determinan que te rías con un buen chiste, mejor cállate, lorito. Que son ya demasiados años de gilipolleces y estamos pero que muy hartas del chascarrillo de que, a falta de p… siempre nos queda comerlas.

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