La reciente concesión del premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2021 a Katalin Karikó, Drew Weissman, Philip Felgner, Uður Þahin, Özlem Türeci, Derrick Rossi y Sarah Gilbert constituye un reconocimiento a valores como la diversidad del conocimiento y la colaboración en investigación. Iniciar y mantener varias líneas de investigación distintas y paralelas es lo que ha permitido que tuviéramos vacunas contra la covid-19 tan pronto; podríamos haber ahorrado recursos si no se hubiera hecho así, pero lo habríamos pagado en vidas.

En esta epidemia de coronavirus hay investigadores que han triunfado y sus hallazgos han servido para desarrollar las vacunas. En otros casos no ha sido así, pero esos errores han contribuido también a la consecución de las vacunas, al ir despejando el camino. Todos, unos y otros, merecen un reconocimiento a su esfuerzo.

El premio saca a la luz el trabajo de personas que a lo largo de muchos años han desarrollado la tecnología base para el desarrollo posterior de las vacunas. Tener las ideas iniciales es muy importante, porque si no hay una visión inicial de por dónde se puede empezar a investigar, y se carece de un conocimiento profundo, es imposible desarrollar aplicaciones prácticas. Es bueno que, como se hace ahora, se valore la investigación básica y a la vez se premie la aplicación de la buena investigación.

El trabajo científico es una tarea de largo recorrido y no se improvisa. Hemos visto con esta pandemia como los países con un tejido investigador importante han salido antes adelante, y ha sido así porque han podido investigar desde lo que ya habían construido. Si la maquinaria investigadora no está engrasada es difícil conseguir algo como lo que se ha logrado con las vacunas contra la covid-19.

Hemos tenido muy mala suerte con la pandemia y muy buena suerte con las vacunas, pero la suerte no siempre se repite. Hay que aprender de ello, no esperemos que esto vaya a ser así de fácil en todos los casos. Si tenemos vacunas que funcionan es porque no se han producido incidencias importantes en su desarrollo. Muchos no pensábamos que íbamos a tener vacunas tan pronto.

Habrá futuras pandemias y es posible que no tengamos tanta suerte como en esta ocasión. Cuando hay suerte hay que aprovecharla y solo la aprovecha quien está preparado. España tiene que aplicarse esa enseñanza: desarrollar su tejido investigador y estar preparada.

Este premio también pone en evidencia la gran colaboración durante estos meses en investigación básica y aplicada, entre las farmacéuticas, entre los gobiernos y entre empresas y laboratorios. Colaborando, manteniendo un poco de competitividad que sirva de estímulo, se investiga mejor. La distinción concedida a los investigadores que han hecho posibles las vacunas contra la covid-19 es una oda a la colaboración y nos reafirma en la idea de que apostar por todas las tecnologías es siempre muy buena idea.

Generar conocimiento es vital, aunque no sepamos cuál va a ser su utilidad inmediata. Hay que investigar y hay que promover la diversidad de conocimiento. Eso es algo que ha quedado patente en esta emergencia sanitaria.