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Juan José Millás.

Vidas experimentales

La forma capitular de las novelas está copiada de los episodios de la vida. El lector poco experimentado rechaza las novelas carentes de capítulos como rechazaría una vida que careciera de meses. El éxito del queso en porciones no es otro que el de haber sabido conectar con una concepción de la existencia basada en la sucesión de finales y comienzos.

-Estaba deseando que terminara la semana -solemos decir el viernes, al volver del trabajo, dejándonos caer en el sofá.

El viernes marca el final del capítulo de un relato que retomaremos el lunes. Las novelas sin pausas fatigan porque exigen un tipo de organización mental al que no estamos acostumbrados. Ocurre lo mismo con las escaleras sin descansillos. Nuestro ritmo locomotor exige parar de vez en cuando a tomar aire. En una escalera sin descansillos puede uno detenerse donde le dé la gana, pero ¿dónde debe darme la gana?, te preguntas. Necesitamos que nos lo diga la propia escalera.

Todo esto tiene mucho que ver también con la respiración. Las comas y los puntos de un texto sirven para señalar dónde tomar el aire. La escritura que prescinde de estos signos ortográficos goza de una reputación dudosa, como las escaleras infinitas. Algunos poetas la practican, obligando al lector a un esfuerzo que resulta de carácter deportivo, más que de carácter literario. No sabe uno si está leyendo o haciendo gimnasia. Los seres humanos necesitamos saber cuándo hacemos una cosa y cuándo otra. Si tu cónyuge te dice que se va a la cocina a preparar un asado y a continuación se mete en el cuarto de baño, sospecharás que algo no funciona bien en su cabeza. Tu cónyuge está desorientado (o desorientada).

Nuestra memoria, en fin, es episódica. Tenemos la vida dividida en capítulos que con frecuencia gozan también de una numeración. Gracias a eso, sabemos lo que hemos de hacer el miércoles o el jueves. Las propias agendas establecen divisiones severas incluso entre las horas del día, pues con frecuencia la actividad de las once es distinta de la de las diez. Uno de los graves problemas del actual momento histórico es que hemos sometido a los jóvenes a una existencia laboral sin capítulos, sin descansillos, sin comas, sin puntos, una vida sin orden. No sé si llamándola ‘experimental’ arreglaríamos algo. 

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