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alberto soldado

VA DE BO

Alberto Soldado

Más allá del quinze i ratlla

Ninguno de los chicos y chicas que Manuel Molines ha seleccionado para el ya tradicional encuentro anual entre vascos y valencianos en el Joc de Pilota que se jugará en Oiartzun sabe de la existencia de Manuel Lecuona, «Urchalle», del cura Iribarren, de Lesaca, del Hijo de Simón de Arraioz, en el Baztan, ni de la importancia que el juego a Largo tenía en la vida social de los hombres y mujeres de las tierras donde se habla euskera, hasta finales del siglo XIX. Ellos van a jugar y a intentar ganar, claro está, pero este encuentro trasciende con mucho la visión meramente deportiva para convertirse en el símbolo de un deseo común: recobrar aunque sea mínimamente la presencia de algo que estaba perdido en las tierras vascas y que desde el Baztán, con hombres como Tiburcio Arraztoa y desde los valles guipuzcoanos, con hombres como José Mari Mitxelena, de Oiartzun, es posible hacerlo. Ellos, en Euskadi, los hombres que aman la más antigua de las modalidades de los juegos de pelota, sienten el frio hielo de la indiferencia de medios informativos que, al igual que en Valencia apenas conocen la historia de un deporte que, en Hernani congregaba a más de seis mil personas, en 1826, como lo hacía en Benifaió o en Ondara muchos años después.

Más allá del quinze i ratlla

La historia de «Urchalle» no alcanzó el grado de popularidad de Perkain, el vasco-francés perseguido por contrarrevolucionario, ni del Hijo de Simón, que llegó a jugar en presencia del Rey Fernando VII, con una vida azarosa. Manuel Lecuona era liberal en un pueblo Oiartzun donde todos eran carlistas y eso le causó no pocos problemas que pudo solucionarlos gracias a la intercesión de amigos pelotaris que avalaron su persona. Siendo como fue un alto cargo en el ejército liberal, también él salvó de la condena a muerte a muchos carlistas. Esa era la grandeza del juego de pelota. En Valencia, en la guerra civil, tenemos el ejemplo del D. Vicente Cremades, el cura pelotari de Bellreguard, que salvó la vida por llevar un guante en el bolsillo de su sotana y ser avalado por revolucionarios locales que le reconocían su cercanía con las gentes del pueblo pues era habitual en las partidas de Llargues.

Había en tierras vascas, cuando se organizaban grandes partidos de Largo o Bote Luzea la costumbre de elegir un consejo de hombres buenos elegidos por ambos bandos, presidido por el alcalde de la localidad donde se jugaba. Ocupaban asientos de honor y además de reconocer la legalidad de las pelotas si llegaba el caso se reunían para debatir si era falta o buena y sus resoluciones eran respetadas por el público, tanto que, en un partido jugado en Hernani un destacado político castellano llegó a afirmar que “el Consejo Supremo de Castilla no tiene más respeto en sus fallos,”, como escribe Félix de Santo Domingo en la revista Euskal –Erria en 1884.

El encuentro vasco valenciano del próximo fin de semana es un paso más en el acercamiento, consolidado, entre la pelota vasca y su cultura y la pelota valenciana con la suya. Va más allá del Quinze i Ratlla… En el programa encontramos un encuentro entre las primeras autoridades deportivas de ambos territorios, del que sin duda saldrán nuevos proyectos. Se hace con las modalidades reconocidas por la CIJB y por ello se deja espacio para lo autóctono, en este caso para la pasaka, que era el juego que se practicaba en los bajos de los ayuntamientos y de muchas iglesias y que en tierras valencianas se asemejaría a las Galochas de Monòver.

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