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Gándara

la columna

Marta Gándara

No te rayes

Creemos que decir «ánimo» consuela y no consuela. A quién le anima que le digan «no lo pienses» o «el tiempo todo lo cura». Como dice irónicamente ToteKing en su última canción: «Dime que no me raye por favor, otra vez, dile a un enfermo terminal que el mundo es como él lo quiera ver».

Consolamos mal, aunque pensemos todos que lo hacemos de maravilla. Decimos ese «no te rayes» como un mantra, como el consejo del siglo, y aún encima ni siquiera a la cara, sino con emoticonos de WhatsApp en ese minuto al día que milagrosamente nos queda suelto. Nos consideramos los mejores amigos, los que siempre están para lo bueno y para lo malo, aunque luego estar, lo que toda la vida ha sido estar, ni cinco minutos.

Detesto también cuando te dicen que algo va a ser para mejor, porque visto lo visto, siempre acaba siendo para peor. Ahora, cada vez que lo oigo, intuyo el desastre y prefiero que no me digan nada. Si va a ser frasecita de autoayuda con final trágico, mejor nada.

Aunque sin duda, el peor escenario sucede cuando le cuentas un problema a alguien y antes de que termines te interrumpe para decir «no sabes cómo te entiendo» y sin dar tregua te coloca su historia enterita, bajo el pretexto de ejemplificar con todo detalle un suceso presuntamente idéntico al tuyo, que por supuesto no se parece en nada. Y cuando por fin acaba de desahogarse pasa a otro tema, a otro tema suyo, por supuesto.

Y de pronto ya no comprendes qué haces ahí, qué te llevó a creer que era una buena idea contarle a esa persona tu problema, si nada de lo que tú digas le hará salir ni un solo segundo de su propio ombligo. Porque da lo mismo cuánto te hayas roto un codo, cómo tengas de partido el corazón, cuánto te hayan ninguneado en el trabajo o el número de horas que estuvieras de parto; hables con quien hables, su caso fue más, inconmensurablemente más. Incluso intuyes que sería más aunque no tuviera trabajo, ni partos, ni siquiera codo.

Al final, consuela quien te escucha. Escuchar como verbo de acción que implica escuchar, no responder, que tiene su propio verbo, no largar tu rollo, no aleccionar. Escuchar sin pretender arreglarle la vida al otro, sin decirle qué harías en su lugar porque no lo estás, escuchar como Suiza le ganó a Francia, con muchísimas ganas.

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