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Julio Monreal

El Noray

Julio Monreal

El puente federal

Puig y Armengol

Puig y Armengol

Hartos de lllamar a la puerta de la Moncloa en demanda de una financiación justa y de una «cultura federal» a la hora de tomar decisiones de Estado, los presidentes de Baleares y la Comunitat Valenciana, Francina Armengol y Ximo Puig, han decidido predicar con el ejemplo y han exhibido esta semana, con una cumbre bilateral en Palma de Mallorca, su sintonía y sus intenciones de colaborar y compartir experiencias e incluso instrumentos en materias de interés común, singularmente en temas de turismo, movilidad y la llamada economía azul, toda aquella que tiene que ver con el Mediterráneo que ha dejado de separar las dos comunidades para empezar a unirlas con un puente simbólico que tendió hace casi ocho siglos el padre de los dos reinos, Jaime I.

En las conclusiones del encuentro entre las dos extensas delegaciones, compuestas no solo por representantes institucionales sino con amplia y cualificada presencia empresarial, sindical, cultural, educativa y comunicativa, se recogen propuestas concretas, como el estudio conjunto de una renovación del sector turístico hacia mayores cotas de calidad, diversificación, transición ecológica, formación de personal e incluso búsqueda conjunta de nuevos mercados. También se recoge la voluntad de «conectar» los servicios de fomento de empleo y formación de las dos comunidades; un plan para intercambiar estudiantes y turistas; colaboración en astrofísica de multimensajeros; coproducir un audiovisual sobre el triste episodio de las Germanias; colaborar en el desarrollo del hidrógeno como combustible e impulsar el eje Madrid-València-Palma al tiempo que el corredor mediterráneo.

Especial mención merecen los acuerdos relacionados con los puertos, como la creación de una asamblea de recintos portuarios de las dos comunidades, prevista para el tercer trimestre de 2021, a fin de mejorar su gestión y su capacidad tanto para mercancías como para viajeros, y perseverar en el camino ya iniciado de la descarbonización del transporte marítimo. Divergencias políticas empañan la política portuaria en la parte valenciana. La oposición de Compromís y Unides Podem a la ampliación Norte del puerto de València hizo que se anulara la participación del presidente de la Autoridad Portuaria de València, Aurelio Martínez, en una de las mesas de la cumbre, aunque el catedrático de Economía asistió como uno más de la delegación encabezada por Puig. Si los socialistas quieren de verdad que la ampliación vaya adelante -el perímetro ya está ejecutado, como pudo ver toda la delegación desde el avión de regreso- tendrán que mojarse más de lo que han hecho hasta ahora frente a un minoritario aunque bullicioso movimiento opositor.

El otro charco de gestión es el de los proyectos ambientales. Mucho se ha hablado en la cumbre de Palma de iniciativas conjuntas en economía azul: posidonia, corredor de cetáceos, limpieza conjunta de aguas, turismo sostenible, etc. Pero la propia configuración del Consell cierra puertas. Compromís, por medio de Mireia Mollá, gestiona la emergencia climática y la transición ecológica, pero es el vicepresidente Martínez Dalmau (Unides Podem) quien preside la comisión de coordinación de la transición ecológica en el Consell. Y ahí todas las semanas hay bronca y bloqueo. Mal ámbito han elegido los socios minoritarios del Botànic para tirarse los trastos a la cabeza, habiendo más de un tercio de los fondos de recuperación Next Generation EU para proyectos ambientales.

Con todo, de lo que más se ha hablado en la cumbre ha sido de política, de dos comunidades que reclaman una mirada diferente hacia la periferia -o hacia el centro de la periferia, como declaró Ximo Puig-, que se sienten «perjudicadas por la enorme centralización de la Administración del Estado, que concentra en Madrid todos los organismos políticos, reguladores, administrativos, culturales y de investigación, así como el grueso de la contratación pública, factor determinante para la concentración de sedes empresariales, y que también se refleja en el nivel de inversiones en nfraestructuras».

El presidente Rodríguez Zapatero logró instalar en su León natal la sede de la gestión de las multas de tráfico de toda España. Él sabrá con cuánto esfuerzo. Si Baleares es la referencia del turismo en España, debería acoger la sede de sus organismos gestores; como València la de Puertos del Estado, o Salamanca el Ministerio de Universidades. Fue el conseller de Hacienda, Vicent Soler, quien alzó la voz en Palma para reclamar «una cultura federal». «Todos salimos de las urnas», proclamó reclamando que no haya superioridades como las que se ejercen a menudo desde Madrid no tanto por ministros como por altos funcionarios que no salen de la M-30 más que para veranear. A ver si el nuevo y rejuvenecido Gobierno de Sánchez le pone al gato el cascabel de la inaplazable descentralización del Estado.

Diana Morant salta a la arena sucesoria

La hasta ayer alcaldesa de Gandia, Diana Morant, es a partir de hoy algo más que la nueva y flamante ministra de Ciencia e Innovación. Su entrada en el Ejecutivo de Pedro Sánchez como única representante de la federación socialista valenciana, a sugerencia de Ximo Puig, la sitúa en la parrilla de salida como la mejor situada para sustituir al hoy presidente valenciano cuando llege el momento. Si lo que le faltaba era visibilidad, la cartera ministerial se la va a dar como si estuviera bajo un cañón de luz. Había más llamados a la cúspide del socialismo valenciano pero diversas circunstancias van dejando el camino expedito. El alcalde de Ontinyent, Jorge Rodríguez, quería ser líder, pero cayó en desgracia por el caso Taula. El portavoz parlamentario Manolo Mata también podría haber jugado (es vicesecretario general) pero ha hecho saber que si le dan a elegir entre la política y defender al supuesto constructor corruptor de políticos elige la toga. Solo queda Toni Gaspar, a no ser que se anime el ya ex ministro Ábalos. 

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