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Milagros García Barbero

No se puede eximir de responsabilidad a quien la tiene

Volvemos a estar en una situación de riesgo alto, comprometiendo otra vez la hostelería y el turismo y otros negocios. Una vez más, los mensajes optimistas del Gobierno antes de tiempo, las prisas de algunos alcaldes y las conductas incívicas de una parte de la ciudadanía nos han abocado a una incidencia acumulada de 436,75/100.000 habitantes en 14 días a nivel nacional ayer martes y subiendo, cuando hace 15 días estábamos a menos de 100 y bajando. Afortunadamente el alto porcentaje de vacunación de casi el 100 % de los mayores de 70 años y la levedad de la enfermedad en la gente joven está impidiendo, de momento, que se produzca una saturación hospitalaria, aunque la ocupación de camas ha aumentado en un 10 % en una semana y ya estamos viendo la saturación de la atención primaria. En la Comunitat Valenciana la incidencia era ayer martes de 368,49/100.000 habitantes y en Cataluña de1.014 /100.000, la mayoría en la franja de 20 a 29 años.

Como dice Daniel López Acuña, exdirector de Acción sanitaria en situaciones de crisis de la OMS, «se ha creado un cóctel perfecto que ha generado la tormenta perfecta», donde se ha dado la confluencia de la relajación prematura de las medidas de seguridad, el aumento de contagios continuado desde que se levantó el estado de alarma, el levantamiento del horario del ocio nocturno, la permisividad de eventos multitudinarios, la eliminación del uso de la mascarilla y la entrada de la variante delta. Y todo ello sin mantener la distancia de seguridad.

Llevamos tres semanas viendo los efectos de la combinación de todas las circunstancias favorecedoras de la quinta ola en la que estamos inmersos, circunstancias que se han materializado en los viajes de fin de curso que llevaron a jóvenes de toda España a Mallorca, Salou, Lloret de Mar o Tenerife, la semana del 12 al 18 de junio. Aunque la atención se ha centrado en el llamado macrobrote de Mallorca, las próximas semanas veremos el impacto de conciertos, botellones y eventos multitudinarios, como el orgullo LGTBI entre otros, que han abocado al país a una situación que no se encontraba desde la segunda ola. Esta quinta ola ha demostrado la falta de responsabilidad individual con graves repercusiones personales y familiares con un efecto en toda la sociedad que se ha comportado siguiendo las normas y en la economía y el turismo que tanto está costando recuperar. Eso sin contar con la imagen que se da de España y los españoles en el extranjero, que no nos ayuda en nada a que nos consideren un país serio, sensato y responsable.

A pesar de todas las advertencias sobre el peligro de la retirada prematura del uso obligatorio de la mascarilla en espacios abiertos y la ampliación de horarios y aforos, y lo que parece ser una necesidad imperiosa y constante del Gobierno de dar buenas noticias, no se pueden justificar estos comportamientos incívicos basándose en esas premisas. Como dice la profesora Marta Marco Alario en su carta sobre los estudiantes afectados por el macrobrote de Mallorca, «todos tenían sobrada información» y ante el argumento de los estudiantes de que «no les obligaban a llevar mascarilla» se pregunta si «a estas alturas hay que obligar a futuros universitarios a llevar mascarilla» cuando en la eliminación de la mascarilla en espacios abiertos siempre se ha añadido la coletilla de «siempre que se mantenga la distancia de seguridad». Nadie a estas alturas puede argumentar que no sabía que la mascarilla es indispensable cuando no se mantiene la distancia.

El Gobierno ha dejado muy claro que no va a facilitar la implantación de medidas más contundentes y necesarias por lo que las comunidades autónomas dependerán una vez mas de la decisión de los jueces para contener la ola de contagios. Hay que tener en cuenta que la variante delta es un 40-60 % más contagiosa, necesita menos carga vírica y menos tiempo de exposición, según ha diagnosticado el Centro Europeo para la Prevención y Control de las Enfermedades (ECDC).

Hay que frenar el contagio entre los jóvenes para evitar que éstos contagien a los mayores con una sola dosis, el 43 % de 60-69 años y 66 % de los de 40-50 y para ello hay que restaurar las medidas de protección y hacer cribados masivos para identificar y aislar a los infectados. Por doloroso que sea el impacto en el turismo y la economía, la restricción horaria del ocio nocturno, la limitación de los aforos y la restauración del uso de la mascarilla, que proponen el president Ximo Puig y varios gobiernos autónomicos, son imprescindibles.

Aunque algunos políticos proponen empezar a vacunar al rango de 12 a 29 años hay que insistir en que las vacunas no van a bajar el repunte de contagios. Las vacunas protegen frente a la gravedad de la enfermedad y puesto que la enfermedad en la mayoría de los jóvenes cursa de manera asintomática o leve, no tendría sentido priorizar la vacunación de este grupo de edad frente a la vacunación de los mayores de 50 a 59 y sobre todo la de los 60-69 que han sufrido el retraso de la segunda dosis de Astra Zeneca, y son de alto riesgo.

La vacuna es fundamental para prevenir la gravedad de la infección, y la aparición de nuevas variantes, pero su efecto no es inmediato y se necesitan las dos dosis y al menos 15 días para que la inmunidad sea efectiva. En este momento es necesario que los padres se responsabilicen de los adolescentes y no justifiquen las conductas irresponsables y que los mayores, incluidos los de 18 a 30, se comporten como adultos. El éxito depende únicamente de nuestro comportamiento responsable individual y colectivo.

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