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alberto soldado

VA DE BO

Alberto Soldado

Los otros amantes de Teruel

Paseas por el centro de Teruel. Cercanía. Callejuelas empinadas con balcones que miran a los ojos del vecino; historias de brujerías y herejías perseguidas por los guardianes inquisitoriales del poder eclesial; hermosa leyenda de amores que sólo se consuman con la muerte. Teruel encanta mágicamente al viajero. Teruel traslada al paseante a una España diversa e intercultural que ha existido y que se muestra esplendorosa en una arquitectura que hechiza y cautiva. Hechizo mudéjar y de cristianos nuevos que atrapa a los que, allá por el siglo XVI conspiran en viejas fondas, como la Tozal, para traer vientos de denuncia contra la opresión de ideas, contra el poder capaz de juzgar por pensar diferente, por amar diferente, por sentirse diferente. Quizás por ello es Teruel en el siglo XVI reformadora, como lo era media España, silenciada por la historia, ocultada a la verdad, y sigue siendo escenario vivo de la eterna lucha entre Atenas y Jerusalén, entre republicanos y nacionales, ahora con unos, ahora con otros. Por eso Teruel se rebela contra el olvido y el abandono y exige una voz propia y muestra toda su historia de rica diversidad para proclamar que existe. Teruel mira al norte y se encuentra con indiferencias y menosprecios. Teruel mira al oeste y se encuentra con sierras y hielo. Teruel mira al este y exige infraestructuras que unan y abracen el Maestrazgo aragonés y valenciano. Teruel mira al sur y encuentra calor mediterráneo. Todavía hay viejos en pueblos perdidos que hablan de «bajar al Reino…».

En Teruel miran agradecidos a la València acogedora de tantos de sus hijos y València mira a Teruel y enaltece al río Blanco, al Guadalaviar, al Alfambra, que formarán el Turia que enriquece campos y comarcas, que riega de vida la hermosa huerta valenciana, todo ello exaltado en la plaza de la Mare de Deu. Poca cosa sería València sin las aguas que brotan generosas desde Albarracín. Teruel es orgullosamente mañica y también es sentimentalmente valenciana. Sus hijos han encontrado en tierra mediterránea las oportunidades que no podían tener en tierra castigada por un clima hostil y por un abandono secular. En la sangre de sus hijos, en los poros de su piel en el sentir de sus gentes, esa cercanía con València es historia y es deseo. El Turia nos une, el río es arteria que traslada la sangre creadora de Luis Buñuel, con el genio solidario del sacerdote Francisco Piquer Rudilla, creador del primer Monte de Piedad en España, a principios del siglo XVIII, precursor de las primeras cajas de ahorros, nacidas contra la usura y que han acabado a estas alturas del siglo XXI en manos de los dioses monopolizadores del capital usurero. Tres siglos tirados a la basura.

Hubo un tiempo, ya lejano, en que este diario que usted tiene en sus manos dedicaba una sección fija a las noticias relacionadas con Teruel que la comunidad turolense y aragonesa en general apreciaba. Era otro nexo de unión. Pero ya no hay emigración turolense a tierras valencianas. Teruel se despuebla, se queda sin hijos. Ni siquiera hay un tren decente que active el comercio aragonés con el puerto de València. Todo son promesas aplazadas… una y mil veces. El poder de la España radial, quién sabe si las presiones de los poderosos, impide consumar ese amor entre Teruel y Valencia, entre Aragón y el viejo Reino. Una historia de amantes que no pueden serlo.

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