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alberto soldado

La magia del trinquet de Massamagrell

Hace más de treinta años que nació el torneo del trinquet de Massamagrell. Hay trinquetes y trinquetes. Todos tienen hermosas historias que contar pero la de Massamagrell es especial desde que la vieja carretera de Barcelona atravesaba el pueblo y los aficionados podían leer en la pizarra de aquel bar cercano a la estación la partida de cada martes, que coincidía con el día del mercado. El Tío Pena, que había sido un gran saque de Llargues en su juventud, que como todo hijo de vecino pasó sus apuros en la posguerra, apostó por ganarse la vida en el trinquet.

Se inauguró oficialmente el 5 de octubre de 1947 con un cartel estelar: Juliet d’ Alginet y Lázaro d’ Alginet contra Xiquet de Quart y Mora de Montcada. Vencieron los primeros y cuentan las crónicas que el trinquete cerró sus puertas de tan lleno como estaba. Y desde hace setenta y cuatro años ha sido el recinto donde se han formado los mejores jugadores de l’ Horta, desde el legendario trío de Museros: Ferreret, Ruiz y el Xato pasando por una legión de jugadores locales, de larga lista que mejor no nombrar a nadie para que un olvido no quede como una ofensa. Nos quedamos con la saga de los Soro: el Tio Pena, sus hijos Batiste y Manolo y ahora esa figura grande entre los grandes como es Soro III. Quico ha sido un indiscutible número uno. Anunció su retirada del Individual pues ha surgido una nueva generación que pide paso. Y Soro III que es persona inteligente se reserva para deleitarnos en partidas de parejas y tríos.

Y así lo hizo el pasado martes en la final del más prestigioso de los torneos de verano, yo diría que el más prestigioso de los torneos cuadrangulares: juegan los mejores, y se juega en las viejas paredes que inauguraron Juliet y Quart.

El martes conquistó el torneo que honra la memoria de su abuelo. Lo hizo tras titánica partida, acompañado de un magistral Nacho, - el mejor mitger del momento- frente al campeón Puchol II, acompañado de Salva. Se notaba una emoción especial en los ojos de Quico, que agradecía a su compañero la ayuda para remontar una partida que tuvo tantas veces perdida pero que ese genio de superación que siempre ha tenido le llevó a la remontada: 60-55. Cruzaba la cancha como campeón entre la cerrada ovación de los aficionados, agradecidos con los cuatro pelotaris por el soberbio espectáculo que ofrecieron. La cancha estaba casi tan llena como aquel 5 de octubre de 1947. Aficionados que valoran el juego de un pelotari que se ganó a pulso su ascenso a las cimas, que siempre lo ha dado todo en la cancha, que ha sabido respetarse a sí mismo y del que nadie puede decir que haya cometido, tras muchos años de carrera, un gesto antideportivo, un gesto de prepotencia…Puede estar orgulloso el Tío Pena de su saga y de este nieto. Y ahí sigue el Trinquet de Massamagrell, sin apenas ayudas, sosteniendo contra vientos y mareas la afición y atrapando a la afición en una de las citas más grandes del año. Algo tiene este trinquet.

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