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Julio Monreal

EL NORAY

Julio Monreal

Crecer a contracorriente

Ximo Puig.

Ximo Puig.

El catedrático de Economía y presidente de la Autoridad Portuaria de Valencia, Aurelio Martínez, defendía en los primeros meses de la pandemia (y sigue defendiendo hoy) que todas las Administraciones deberían coordinarse y sacar adelante todos los planes de inversión que estén suficientemente maduros para arrastrar así al capital privado y salir de la crisis económica y social lo más rápidamente posible. El profesor estima que, a diferencia de lo sucedido en 2008, la actual no es una crisis financiera, el índice de endeudamiento privado es relativamente bajo, no hay restricción al crédito, la inflación es baja y hay superávit exterior.

El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, ha abundado esta semana en la misma idea al proclamar ante los miembros del comité nacional del PSPV-PSOE que la acción politica ha de reorientarse en septiembre para ayudar a la empresa a crecer y, conseguido ese objetivo, redistribuir la riqueza, por ese orden, «sin prejuicios y sin complejos».

La cuestión es que Puig, aunque sea el presidente, no es él todo el Botànic. Los socialistas quieren apostar por la colaboración público-privada, pero sus socios de viaje no comparten la fe en el binomio progreso-mercado que ha verbalizado el jefe del Consell estos días. Por recurrir a ejemplos de la actualidad, Compromís y Unides Podem celebran hoy el entierro del proyecto Intu Mediterrani, un centro comercial y de ocio que pelea desde hace diez años por instalarse en Paterna; ambos partidos combaten ferozmente contra la primera inmobiliaria de España, Metrovacesa, y su plan de viviendas y equipamientos públicos junto a la Ronda Norte de València, en Benimaclet -habrá que estar atentos a si la guerrilla urbana se extiende al proyecto de nuevo barrio en Alboraia, en torno a los depósitos de Vinival-; y por regresar al ámbito portuario, el alcalde de València, Joan Ribó, lidera desde el consejo de administración la oposición a la ampliación norte del recinto, donde está previsto invertir 400 millones de euros públicos y 1.000 privados. Como el alcalde es el único que vota en contra de la ampliación, cada vez que hay reunión del consejo se lleva a su ‘clac’ para que armen lío en la puerta y repitan una y otra vez que la futura terminal hará desaparecer l’Albufera. De ese mismo palo es el empecinamiento en derribar el hotel Sidi Saler por estar fuera de ordenación -en este caso con la complicidad de los socialistas en el ayuntamiento- mientras se destina presupuesto municipal a reconstruir una y otra vez la fachada de la urbanización la Cashba, contra la que rompen las olas sin que ello parezca a los munícipes una agresión al litoral ni al parque natural.

En este marco político, habrá que bregar en otoño para que los presupuestos generales del Estado asignen el 10 % de la inversión territorializada a la Comunitat Valenciana, atendiendo a su peso en el conjunto de España. Pero ¿para qué? ¿Para no gastarlo? Hay quien defiende en el ‘Govern valencià’ (y en la universidad, entre otros espacios de conocimiento o decisión) que la inversión en infraestructuras es incompatible con la sostenibilidad y no pueden resistir mostrar su aversión a proyectos que mantendrían la competitividad de la economía valenciana al tiempo que callan cuando comunidades vecinas, singularmente Cataluña, bendicen iniciativas similares, como la futura terminal de contenedores del puerto de Barcelona, a la que Esquerra Republicana no le encuentra los reparos que sí ve en la que se fragua en València.

Muy difícil tiene Ximo Puig el tránsito del Consell hacia fórmulas de apoyo a la empresa. La patronal le pide una y otra vez que baje los impuestos, y le afea el rescate de concesiones sanitarias, aunque le apoya sin fisuras en la reivindiación de una financiación autonómica justa, que ponga fin al agravio que lastra las cuentas valencianas desde 2003. Y los socios, que más parecen oposición que gobierno en lo relativo a infraestructuras, hoy se oponen a la ampliación de la V21 de acceso a València y mañana boicotean la reforma de la V60 en la Safor.

La última escenificación de desapego se ha vivido con la presentación en València del proyecto de canal de acceso ferroviario soterrado a la Estación del Norte, primera pieza del túnel que ha de atravesar la capital para la red de Cercanías y AVE. Pese a calificar de «histórica» la inversión de 437 millones, el alcalde optó por mandar a un segunda fila al acto junto a la presidenta de Adif y el conseller de Política Territorial, Arcadi España. Llega el canal (aunque faltan la nueva estación y el túnel) y se certifica que València será el último sector del corredor mediterráneo que entre en servicio, allá por 2027, y no en 2025 como esperaba la plataforma Quiero Corredor. Además, las instituciones y entidades locales y autonómicas no podrán contar con el ya exministro José Luis Ábalos, permanente valedor de los intereses territoriales, y habrá que remar contracorriente para defender la posición ganada y no perder peso frente los crecidos corredores central y atlántico. Por desgracia, no ha sido posible reforzar la guardia con el nombramiento del comisionado para el corredor mediterráneo, Josep-Vicent Boira, como presidente de Adif , la empresa que ejecuta las inversiones ferroviarias. Pero intentarse, se ha intentado.

Pulso por las Fallas de septiembre

Aún no se han desatado las hostilidades, pero ocurrirá. Cuando la Generalitat tenga que resolver en torno al 16 de agosto si reduce, mantiene o incrementa las restricciones por la pandemia será el momento de decidir qué se hace con las Fallas previstas para la primera semana de septiembre, aunque sea en una versión muy reducida. Con todo, lo que se ha avanzado del programa incluye mascletàes, castillos, ofrenda, entrega de premios, cremà... Vamos, casi todo, aunque sea con distancia de seguridad. Los falleros y los artistas quieren quemar los monumentos guardados en naves más de un año para vaciar almacenes y reactivar la fiesta, y los pirotécnicos desean disparar para tener ingresos después de más de un año en blanco. Pero habrá que considerar que puede haber compensación económica sin festejo, si ese es el principal motor de las Fallas de 2020 en 2021. Y también que en esta quinta ola de coronavirus los jóvenes son los que han disparado las estadísticas. En un mes no estarán aún vacunados, no tendrán aún clases y conseguirán de sus padres la bula para salir hasta la madrugada que todo adolescente que se precie logra solo una vez al año: en las Fallas de marzo. Complicado cóctel.

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