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Martí

La última victoria de Paco Cabanes

Ahora nadie se atreverá a poner unos arcos chinos en la entrada de la calle Pelayo donde El Genovés ejercía del dios pagano del Cap i Casal

Muere Paco Cabanes, El Genovés

Muere Paco Cabanes, El Genovés

El mejor homenaje que le puede hacer València a Paco Cabanes, El Genovés es dedicarle una estatua de 4 metros a la entrada de la calle Pelayo. No es una idea mía, que subscribo, sino que la saco del grupo de guasap de los jóvenes pilotaris del trinquet, que no lo han visto jugar en directo, pero que saben de su grandeza y para los que Paco siempre tenía palabras de ánimo cuando se dejaba caer por la catedral. Esos chavales de Pelayo saben como nadie que la identidad se concentra en una pilota de vaqueta, que se suda y además de vez en cuando te revienta la mano. Nada les interesa esa posmodernidad del relato que proclaman los de comboi que piensan que son los primeros en pasearse con camisa hawaiana por Ciutat Vella. Cuando el primero que la exhibió en València fue Joan Monleón, una figura transgresora, realmente cosmopolita y con más trellat que las superfluas iniciativas de la fábrica de frivolidad que asesora a Ribó. Sin saberlo, El Genovés nos ha dejado un último servicio, pues a partir de ahora nadie se atreverá a instalar unos arcos chinos en la calle del trinquet donde más pronto que tarde hay levantar un monumento a la divinidad que hizo de la pilota la mejor doctrina laica en la que se reconocen los valencianos.

Trinquet.

Para no engañar a nadie, Pelayo existe porque es un patio interior donde no se puede construir. Porque en caso contrario, el local se hubiera subastado entre los habituales del palquet, incluso antes de un buen cartel. Es más, las partidas siguieron durante la Dictadura porque los habituales no eran muy antifranquistas que digamos, y encima se les permitió seguir con las apuestas porque más de tres eran acérrimos defensores del Régimen, como decían. Gracias al dinero negro que corría baix la corda se podía pagar a los pilotaris, algunos con más de dos partidas diarias para matar el hambre. Luego ese escenario se mitificó, era necesario, pero como siempre pasa, cuando había que ponerlos para salvar el trinquet todos se escondieron. Tuvo que ser un consorcio público-privado quien acudió en su auxilio, y con muy poca transparencia, dicho con suavidad. En la pilota, como en botica, también hay carroñeros, románticos y aprovechados, no se esconden, pero el trinquet sigue vivo sobre todo porque ha despertado entre la muchachada una forma única de practicar un deporte auténtico con unos valores de máximo respeto por el rival. Una deportividad que se está perdiendo en el resto de disciplinas, algunas que ya están pasando de populares a populistas.

Va de bo?.

El Genovés, igual que Monleón, representa el valor máximo de unanimidad entre valencianos, y de eso vamos escasos. Como dice Toni Mollà, su biógrafo cómplice, la discusión sobre la senyera se hubiera terminado si hubiéramos puesto su cara entre las cuatro barras. Una figura que supo aunar la auténtica representación popular de cada uno de los trinquets y calles del país, y al mismo tiempo conectar con la buena gente de la cultura. Ni una mala palabra, ni un mal gesto en la cancha, ni en la calle. Y aunque nació y murió en La Costera, conquistó el Cap i Casal como rey de la pilota. Alcalde, va de bo?

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