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Jaime Roch

¿Unas Fallas sin toros?

Ni los más antiguos del lugar recuerdan unas fiestas josefinas sin su feria taurina. No hacerla escuece tanto a la afición valenciana como si la hubieran despellejado y es otro fracaso más de Simón Casas

Un turista se realiza una foto dentro de la plaza de toros de València este verano.

Un turista se realiza una foto dentro de la plaza de toros de València este verano. J.M. LÓPEZ

Los aficionados a los toros en València observan con resignado tedio el avance de la temporada taurina. El mercurio del toreo en el Cap i Casal está bajísimo. Es casi inexistente desde que arrancó la pandemia.

La València taurina respira un aire de extrañeza como si las cosas no acabaran de encajar y la plaza de toros continúa penosamente cerrada. El aire allí dentro es tan espeso como la gelatina, las sombras ya se niegan a estar en su tendido de sol y el corazón duele cada vez un poco más por el trato que está teniendo un bastión de la piel de toro como el ruedo de la calle Xàtiva. València ha sido una plaza fija en el curso taurino cuando se han realizado las Fallas, pero, sin ningún festejo a la vista, su imagen es más lúgubre que nunca por la incongruencia de unos y otros en plena canícula.

Antes del coronavirus, la plaza de toros era un templo que ofrecía emociones, materializaba ilusiones y cumplía sueños de generaciones. Ahora se ha quedado completamente mutilado y desperdiciado, convertido solo en un desierto sin cielo, sin luz, sin flores y, en definitiva, sin vida porque hace casi dos años ya que el toro no ha salido por los chiqueros.

Ni los más antiguos del lugar recuerdan unas Fallas de València sin su feria taurina. Desde que arrebató su trascendencia a la Feria de Julio, el ciclo josefino ha sido el más importante de la capital valenciana por su larga programación y por su importancia en la temporada. Triunfar en Fallas catapultaba a los toreros con el sitio de figura del toreo para el resto de las ferias del año. Pero no hacer el serial en honor a san José este septiembre escuece tanto a la afición valenciana como si la hubieran despellejado.

No hacer la Feria de Fallas es otro fracaso más de la empresa pilotada por Simón Casas, un gestor taurino que ha abandonado a València pero sí que ha realizado otras ferias en Madrid, Albacete o Nimes, su ciudad natal. Su inmovilismo ahora se convertirá irremediablemente en plomo para caminar en el futuro, en grilletes en sus pies, en cadenas. Porque ha desperdiciado el tiempo sin cuidar a los aficionados valencianos. Ni un comunicado ha mandado a sus abonados para informar de los planes del coso valenciano este 2021. Hay silencios que matan y atormentan.

Claro que hay que pedir más aforo y luchar por él, pero para hacerlo hay que demostrar que el toreo está vivo en València. ¿Por qué los teatros y las salas de conciertos sí se ajustan al aforo que impone la conselleria de Sanidad para frenar la pandemia -4 sectores de 1.000 personas- y la plaza de toros no puede? Ni con un agónico esfuerzo de voluntad, se conseguirían mover los rígidos músculos del coso de Monleón para que la afición respire hondo.

La malaria sentimental que inunda el corazón de los aficionados no se ha ido durante todo el verano, pero la Federación Taurina Valenciana junto a la Diputación de València han salido al rescate para preparar un certamen para los alumnos de la Escuela Taurina en el cortijo Los Rosales de Sueca. Cuatro tardes de toros entre finales de septiembre y principios de octubre con dieciocho jóvenes que aspiran ser toreros se batirán el cobre para salir triunfadores. Algo es algo. Pero hubiera tenido mayor solera y sustancia celebrarlo en la plaza de toros de la calle Xàtiva en las fechas falleras de septiembre. Y coronar el domingo de la Cremà con una corrida de toros. Pero no. Una pena.

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