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Fernando Soriano

Fuera de compás

Fernando Soriano

El adiós del caballero

Caballero Reynaldo se despide, y por todo lo alto, como sólo él podría haberlo hecho: publicando tres elepés en tres años, rebosantes de canciones propias, ingeniosas, divertidas y soberbias, producidas con un mimo espectacular y editados de manera lujosa. Con ‘Cronos’, ‘Cromos’ y ‘Cosmos’, Luis González cierra un legado de 12 discos compuestos de material propio y otros 24 en los que versiona, de manera audaz, libre e imaginativa, temas de los Beatles, Zappa, Prince, ELO, Beach Boys, Depeche Mode o King Crimson. Un fabuloso cofre del tesoro, repleto de joyas variadas, valiosísimas y hermosas, construidas con mucho talento, arte y un enorme riesgo artístico.

«He podido hacerlo porque soy totalmente independiente, ninguna discográfica me lo hubiera permitido», explica González, mandamás de Hall Of Fame Records y propietario de un estudio de grabación al que le cogió tanto gusto que llegó a facturar un disco nuevo cada tres meses. Llegó a ser tan prolífico que, como buen francotirador, desconcertó a seguidores y prensa. «Culpable, admito que me he excedido, pero siempre he puesto mi interés creativo y emocional por delante del reconocimiento masivo, el beneplácito de la crítica o la satisfacción de mis propios fans».

Ahora, saturado de la etiqueta Caballero Reynaldo con la que cabalga desde 1995, Luis, que se curtió durante los ochenta con Mar Otra Vez, Corcobado o Amor Sucio, seguirá creando, pero a otro ritmo. «Esa manera de trabajar me ha acabado pareciendo demasiado automática, me apetece resetear, cambiar de ciclo. La edad me pide ahondar en otras perspectivas, seguir componiendo y grabando de manera más relajada, en solitario o con amigos», revela el multinstrumentista desde su refugio en Utiel. También aprovechará para organizar su obra y rematar algunos detalles que, con las prisas derivadas de sus furibundos ataques creativos, quedaron a medias o pendientes de mejora.

Echando la vista atrás, González destaca sus dos participaciones, y posiblemente una tercera en un futuro cercano, en el festival alemán Zappanale, en el que se homenajea y celebra anualmente la figura de su venerado Frank Zappa. También recuerda con cariño su versión de «Something stupid», que obtuvo la fama al ser utilizada como sintonía del reality televisivo «Un príncipe para Corina», o el inesperado éxito en ventas de ‘In the Lounge of the Naldo King’, con canciones de King Crimson embadurnadas de bossa nova y gracia caribeña. En el extremo contrario no recuerda ningún trago amargo, aunque siempre supo que su proyecto «no iba a funcionar, porque ni industria, ni medios ni público podían seguir mi ritmo. A cambio, puedo decir que me siento totalmente realizado».

Las cifras abruman, pero no dejen pasar la oportunidad de disfrutar del trabajo de Caballero Reynaldo. Un músico total, loco y colorista, minoritario, no apto para todos los paladares, complejo, libre, poético, melódico y siempre brillante. Con una imaginación y una inteligencia desbordantes que le permitieron tocar magistralmente todos los palos del rock and roll, desde el jazz al du duá, pasando por el pop, la psicodelia, el surf o la electrónica. Muchos no percibirán su ausencia, pero el País Valenciano ya es un lugar más soso y más triste. Más cuerdo, vale, pero también más gris.

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