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Julio Monreal

EL NORAY

Julio Monreal

Entre la luz y el agua

Una central eléctrica

Una central eléctrica Jesús Hellín - Europa Press

A veces, uno puede tener razón pero no sabe acompañarla de la forma correcta de expresión. En plena ola de crecimiento desmedido del precio de la electricidad en los llamados «mercados internacionales», el Gobierno sale a la desesperada a confiscar a las eléctricas parte de los impresionantes beneficios que cosechan sin ningún esfuerzo y ellas amenazan con cerrar las nucleares, cosa que saben que no pueden hacer. Les toca estos días el papel de malas de la película, pero es un error garrafal tomar a la sociedad como rehén en su pelea con el Ejecutivo y dejar entrever que si ellas quieren desconectan el interruptor y paran la Ford y todo lo demás.

Entre la luz y el agua

No es de extrañar que con las cotas de popularidad más bajas de la historia de las eléctricas esté ganando cuota de mercado el abastecimiento alternativo. Influencers como Lluís Miquel Campos y Joan Baldoví, ambos destacados representantes de Compromís, difunden públicamente desde sus tribunas las bondades de las comunidades energéticas locales y de las placas solares de autoabastecimiento en el tejado como alternativas a lo que a ojos de todos parece un mercado abusivo en manos de las grandes compañías, que año tras año baten records de beneficio y sin embargo se sienten en la imperiosa necesidad de subir el precio de la luz cada seis meses.

Uno se confiesa absolutamente incapaz de entender su recibo de la luz, incluso de discernir si tiene tarifa regulada o de la otra, algo que al parecer marca la diferencia a la hora de sufrir el alza de los precios internacionales o gozar de tarifa plana, pero no se siente culpable por ello. La traída y llevada transparencia aún se hace esperar en algunos ámbitos. Baste apuntar que el inminente cambio de condiciones bancarias de los millones de clientes de Bankia que han pasado a CaixaBank se recoge con todo detalle en 19 folios de una letra minúscula y una terminología para muy iniciados, lo que permite pronosticar un rosario de quejas tras su entrada en vigor.

De regreso a las eléctricas, las malas de esta temporada otoño-invierno, la misma vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, anunciaba este jueves en el Foro Alicante del diario Información y la patronal valenciana CEV que el Gobierno tiene como objetivo alcanzar en los próximos tres años 500.000 techos con placas solares en España y 1.000 municipios (hay 8.000) con comunidades energéticas locales, lo que da idea de que la generación de energía y su distribución por vías y canales alternativos a las grandes compañías ya no es una cosa de cuatro iluminados, como le decían al alcalde de Aras de los Olmos, Rafael Giménez, cuando empezó hace muchos años con su proyecto de autosuficiencia energética.

El mundo cambia todos los días, a velocidad de vértigo, y aunque no lo parezca, los ciudadanos tienen cada vez más en su mano decisiones de compra, de consumo, que pueden introducir muchas pequeñas variaciones que un día se convierten en grandes movimientos. Las variables ahora son infinitas. Preguntada la vicepresidenta Ribera por si es momento de renunciar a la construcción de grandes infraestructuras por razones ambientales, visto el descarte de la ampliación del aeropuerto de El Prat para no dañar el ecosistema de la laguna de La Ricarda, y la oposición de algunos sectores a la ampliación Norte del Puerto de València, la responsable de Transición Ecológica respondió que hay que tener en cuenta tres factores en lo que se refiere a infraestructuras viculadas a movilidad: el volumen de personas a transportar y su evolución previsible, con atención a los nuevos usos sociales; las tecnologías que se emplearán para utilizar esos modos de transporte; y los efectos locales de esas infraestructuras, en referencia a sus impactos económicos, sociales y ambientales, que tres han de ser las patas de toda decisión en estos días que corren. Menos mal que la ministra fue más clara en su compromiso con el mantenimiento del trasvase Tajo-Segura, que calificó como «esencial», y con el que se comprometió a mantener los mismos caudales que hasta ahora pero repartidos de otra manera, sin puntas de envíos que son las que indignan en Castilla-La Mancha. Parafraseando a Felipe González y aquel dicho suyo del gato blanco o negro del que solo le importaba que cazara ratones, Ribera sentenció: «Lo importante es tener agua, no el tipo de agua». Así que ya saben todos los implicados en la gestión de caudales, tanto los públicos como los húmedos. Cada gota es un tesoro, sea desalada, regenerada, de manantial o negra, que el cambio climático está aquí.

Reflexión en las Fallas

Bienvenido sea el plazo de dos meses que han abierto el concejal Carlos Galiana, la Junta Central Fallera y el mundo de las fiestas josefinas en general para analizar cambios en el desarrollo de las Fallas a raíz de la reciente edición especial abreviada por la pandemia. Lo que nunca nadie se habría atrevido a plantear está sobre la mesa por culpa de la covid 19. La extensión de la Ofrenda a la mañana; la descentralización de «mascletades» y castillos de fuegos por los barrios y el grandísimo avance de adelantar ¡dos horas! (de 1.30 a 11.30) el disparo de la Nit del Foc, permitiendo su disfrute a muchas más personas, sobre todo a los más pequeños y a los más mayores, son modificaciones que han sido bien acogidas y que bien podrían incorporarse ya en el programa de 2022. Pendiente queda el papel de la plaza del Ayuntamiento en la fiesta, condenada hoy en su diseño a ser una gran explanada sin sombra para el disparo de fuegos durante 19 días a la hora del aperitivo. Pero ese ya es un hueso más duro.

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