El pare Joan Agustí de Palàcio, malauradament, no ens dona el nom del castellonenc que va fer un pacte diabòlic per tal d'aconseguir els seus objectius. Però, el relat que en fa, és ben sucós. I així, ens explica que «una persona, acosada de su pasión desordenada, viendo que no podía cumplir con ella, medio desesperada, salió una noche al campo y convocó a los demonios y les ofreció su alma, si hazían que él cumpliera con su desenfrenado apetito.» L’oferta va ser escoltada i «al punto se le apareció el demonio». La impressió que li va causar al castellonenc, aquella visió, degué ser profunda: «Viole y quedó sin pulsos». Però, decidit com estava, «recobrose; bolvió en sí y, perdiendo el miedo que al principio le causó su vista, le dixo su pretensión.» De seguida, «el demonio le ofreció cumpliría sus deseos, si le entregaba su alma y se lo dava firmado con su propria sangre. Hízolo y le entregó la cédula, como se lo havía pedido el demonio.» Fet el pacte -i hem de suposar que l’home va poder satisfer aquella «passión desordenada» de què se'ns havia informat-, Palàcio ens diu que «en este estado estuvo este desdichado hombre doze años, sin confesarse. Comulgava algunas veces, a persuasión del demonio.»

La predicació del pare Palàcio, però, obrà un nou miracle: «llegó a mis pies, derramando muchas lágrimas; y padecía muchos desmaios que le impidían el confesar con la libertad que deseava. Pasados estos y recobrándose, quando iba a dezir su pecado -la entrega que havía hecho de su alma al demonio, con cédula escrita y firmada con su propria sangre y nombre-, era tanta la prática de su coraçón, que no pudo hablar palabra.» El dimoni, com es pot veure, no el deixava dir el pecat. I més encara: «La noche después que llegó a mis pies con intento de confesarse, intentó el demonio ahogarle y lo procuró, apretándole de tal manera la garganta que se la dexó muy lastimada. Y yo vi después los señales que le quedavan, bañados en sangre.» Animat pel jesuïta, finalment aquell home confessà el pecat i va obtenir una gran recompensa: «puestos en el sagrario de la iglesia, encomendándose a Dios y pidiéndole perdón de sus pecados, halló en su mano la dicha cédula que doce años ha havía entregado al demonio. Diómela a mí y en su presencia, en el mesmo sagrario, la quemé.» No es podia demanar més: l'objectiu de laa passió s'havia aconseguit -i potser, durant dotze anys!- i ara, amb aquell penediment, s'havia salvat la seua ànima. El dimoni havia estat vençut...