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alberto soldado

VA DE BO

Alberto Soldado

La historia reclama honradez

En 1895 el autor de El retrato de Dorian Grey fue condenado a dos años de trabajos forzados por su homosexualidad, considerada una «aberración» para la sociedad victoriana y una «indecencia grave» para la ley. La prensa de la época aplaudió la decisión del jurado. A principios de los años sesenta, cuando los Beatles ya empezaban como grupo, semejante ley seguía vigente en el Reino Unido y no faltó escritor que corriese la misma suerte que Oscar Wilde. Hablamos de tiempos recientes y sin embargo nos parecen como vestigios de un tiempo oscuro. Actitudes y leyes que hoy nos sorprenden. ¿Qué calificativos pondríamos en nuestros días a quien propusiera leyes que castigasen la homosexualidad?

Estudiar la historia con la mentalidad actual, con los parámetros culturales presentes, es un ejercicio ridículo e intelectualmente indecente, sobre todo cuando detrás de ello hay intenciones de imponer un relato interesado en marcar divisiones, en colocar en el muro de la vergüenza y de la culpabilidad a unos y elevar a los altares a otros.

Estatuas de conquistadores y frailes han sido derribadas en buena parte de territorios donde llegaron los españoles. Fray Junípero Serra llevó Jerusalén y Atenas a los indígenas de las tierras californianas, de las que se enamoró por asemejarse tanto a las de Petra, su tierra natal en Mallorca. En su tiempo, el hecho de «cristianizar» significaba culturizar. Hoy, hay escuelas en territorios norteamericanos que enseñan las costumbres religiosas de los indígenas. Que no se permita concebir sacrificios humanos en ofrenda a los dioses convengamos que es una aportación de la cultura impuesta por los frailes y conquistadores españoles.

Que una de las dos Españas se apropie del concepto de la Hispanidad tiene como consecuencia que la otra mitad de españoles acaben renegando de ella y aceptando tesis y relatos que están contaminados por las ideologías, tan poco amigas de la realidad.

Comparemos. En el Reino Unido estaba castigado con la pena de muerte cuestionar las políticas coloniales. Se trataba de alta traición. Curiosamente el movimiento indigenista tiene fuerza y creciente poder allá donde se produjo el mestizaje; allá donde la Reina Isabel proclamaba que ellos, los indígenas eran «hijos del mismo Dios y como tal había que tratarlos…» Aquí, en tierras castellanas, el padre Francisco de Vitoria se atrevía a cuestionar la legitimidad de la Conquista, exigiendo paz y respeto en las relaciones con los indios.

El relato histórico que se ha impuesto sigue vigente ahora con exigencias al más alto nivel de perdones por hechos ocurridos hace cinco siglos, realizados con la mentalidad de aquella época en la que, por ejemplo, se buscaban fuentes de la eterna juventud o la tierra de Eldorado. Sin embargo nos hemos cansado de ver películas norteamericanas en las que los indios con flechas eran malos que atacaban a los primeros pobladores europeos de aquellas tierras finalmente salvados por el séptimo de caballería entre el aplauso de la chiquillería del cine.

Nadie ha invertido en producciones que den una visión de la obra colonizadora de España que fue de una enorme importancia. América aportó a Europa y Europa aportó a América. Eso es lo sustantivo. Y la capacidad de más de seiscientos millones de poder expresar sus sentimientos en una lengua común. Una realidad que hay que hacer valer. La división en el seno de la comunidad iberoamericana perjudica el crecimiento económico de sus pueblos .Y agudiza el sometimiento y la postración ante el compacto bloque anglosajón.

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