A raíz de la cosmopolita realidad histórico-social de un siglo regido por el big data debemos como sociedad multiétnica, pluricultural y multilingüe, ser conscientes que nos encontramos regidos bajo unos parámetros distintos en cuanto a la forma en que nos relacionamos los unos con los otros. Porque las fronteras físicas que nos habían distanciado en relación con el espacio y el tiempo se han suprimido, aunque no así las mentales como divisorias de nuestras identidades personales y colectivas culturalmente hablando.

Por ello, al hacer referencia a los modernos espacios virtuales que posibilita el social media y que se encuentran regidos por el algoritmo, podemos definir éste como un conjunto ordenado y finito de operaciones que permiten encontrar la solución a un problema específico, lo que nos abre la puerta a reflexionar más a fondo en cuanto a las implicaciones que se generan posteriormente desde el ámbito económico y que deben ir acompañadas de una propuesta de carácter ético-social y político.

En primer lugar, hay quienes visualizan el cálculo matemático como una red neuronal que constituye a la Inteligencia Artificial expresada a través de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Ahora desde una perspectiva crítico-social tenemos que asumir reflexivamente cómo la sociedad mundial se está comunicando desde estos ámbitos de ciber-referencias, al utilizar las informaciones como nueva moneda de canje gestionada por medio del big data. Lo que nos lleva a pensar en una mercantilización de las informaciones que debe ser regulada por nuevas reglas que tienen que buscar la utilización de las Tecnologías de la Información y Comunicación de formas responsables y más beneficiosas para todos.

Los avances de la Super Inteligencia como Inteligencia Artificial Aumentada, tienen que analizarse de forma crítica y reflexiva frente a las diversas coyunturas que constituyen la competición social en un mundo globalizado. De esta manera un mundo interconectado a través del Internet de las cosas, debe percibirse como un todo no solo desde del ámbito económico, sino además desde la esfera del ejercicio ético.

Por ello, es fundamental que la cosmopolita sociedad.com se globalice en clave ético-científica más allá del discurso académico que debe ser rediseñado por los nuevos generadores del conocimiento quienes no solo tienen que señalar los problemas actuales en los que se encuentra inmersa la sociedad mundial, sino también poner el cuerpo y hacerlo más allá de los discursos considerados políticamente correctos que pueden transformarse en nuevos dogmas siendo parte de una lógica excluyente y poco tolerante con el resto de la realidad de un mundo globalizado por Internet.

Desde esta perspectiva, podemos repensar las posibles soluciones y transformarlas en el ejercicio deliberativo de una razón pública donde el verbo se haga carne, por medio de la praxis de una empatía de la responsabilidad que se constituya en el quehacer humano de una ética de la cooperación en beneficio del bien común, siguiendo los postulados que configura la «Ética del Orden» del filósofo Cristoph Lütge, donde el hombre no se comporte como el lobo del propio hombre, problemática que hoy ha migrado a la nueva Ágora tecnológica, al reconfigurar de forma transversal las revoluciones de muchos pueblos contra las democracias de corte liberal.

Así, las plataformas virtuales en Internet desde nuestro punto de vista, deberían orientarse en favor de la cooperación mundial de una racionalidad compartida, lo que nos conduce al análisis hecho por el profesor Lütge en su libro «Order Ethics or Moral Surplus», al examinar las diferentes teorías y cánones éticos a través de la historia como planteamientos basados en aquellas prácticas morales en las que no solo podemos apoyarnos, sino también conjugar beneficios de especialización y competencia para confiar los unos en los otros.

Porque el examen ético realizado por Lütge busca de forma pragmática el beneficio de la sociedad en su conjunto más allá del mero discurso filosófico, el cual desde mi juicio puede que haya olvidado el valor que a través de la historia ha tenido y tiene la experiencia humana, traducida en el método experimental que puede constituir a una nueva filosofía que busque siguiendo a Sócrates, Platón y Aristóteles una reformulación de la ética en el siglo XXI.

En suma, podemos aplicar la Ética del Orden a un nuevo mundo donde lo tecnológico entre en diálogo con la crítica filosófica, siempre que los avances dentro del World Wide Web sean hechos de forma responsable, al asumir las oportunidades que desde una propuesta tecno-filosófica puedan permear a toda la humanidad. Porque se tienen que evidenciar los efectos positivos al igual que los negativos que se desprenden de la interconexión desarrollada por la IA y cuyo horizonte tiene que apuntar al bien común y a una solidaridad responsable de carácter interdisciplinar.

De esta manera la propuesta que analiza deliberativamente la Ética del Orden tiene que hacernos reflexionar en cuanto al quehacer intercultural de una sociedad que debe cuestionarse: ¿Qué es lo que podría mantenernos unidos a todos más allá de las diferencias identitarias, culturales y divergencias entre hombres y mujeres?

En definitiva, el doctor Lütge nos brinda una panorámica ético-práctica más allá de la fundamentación de las normas como mecanismos de control social, donde se debería de asumir que las circunstancias moralmente problemáticas no están provocadas por preferencias inmorales, sino más bien por estructuras específicas de interacción, siendo uno de los mayores desafíos que debe enfrentar el ser humano frente a la IA, haciendo que confluyan las diferentes realidades y a la vez las hermenéuticas y epistemologías más allá del discurso.