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Esquivel

La ventana

Francisco Esquivel

Otra dimensión

Los abuelos ejerciendo de tales son para echarles de comer aparte. Les supongo al tanto. Conozco a uno que, con un par de nietos creciditos, los llevó a un parque de estos de distracciones y, a la hora de comer, dijo tras pedir los críos que también quería el menú infantil. El camarero se quedó absorto, sin saber qué hacer, pensando por qué ha tenido que tocarme a mí. Cuando logró salir de su asombro, elevó consultas y al regresar escrutó al setentón al que respetuosamente deslizó: «Me han dicho que, como usted comprenderá, no está en edad de...».

  Hay otro que, desde que se ungió, antes de dar los buenos días te pregunta si vas a consagrarte, a lo que durante la intemerata he contestado que era algo que no me ocupaba ni mucho ni poco. Y, claro, ha sido enfatizarlo tanto que no ha venido uno, sino dos a la vez. Pau y Soan. Pau es Pau y Soan en hebreo es «gracia», «estrella» en árabe y en hindú... Hay unos pocos miles de Soan en el mundo, pero ninguno como el nuestro. Los hermanos tienen quince días, llevo seis con ellos y en ese tiempo le he perdido por completo la pista a Ferreras, ignoro si efectivamente se ha confirmado que el ínclito Toni Cantó fue quien descubrió América y no tengo ni la más pajolera idea de si este fin de semana reaparece o no nuestro goleador por excelencia. En fin, que de golpe he inaugurado una nueva vida.

Los miro y no me canso. Mi ayer, mi hoy, el mañana. Una forma tierna de trascender como no debe haber otra. A uno de ellos le ha dado por agarrarme el índice con fuerza y no lo suelta. Para qué quiero más. Me clava la pupila y sé que aún no distingue, aunque el que ha perdido la noción de lo que le rodea es el que tiene enfrente. Preparados a fin de dar su primer paseo en cochecito conduzco como si de una alfombra mágica se tratara. Nos saluda Merlín. Ni Chanel nº 5 ni fragancia de marca alguna, el inconfundible olor a bebé es el que de veras penetra. Toca baño, se estiran y ofrecen nítidos signos de relajación... pero, disculpen, que he de dejarles. Uno se me ha meado encima. Mayor felicidad no cabe.

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