Desde el arte más primitivo, el hombre encontró en las aves motivo de (re)creación. Pensemos en El Bosco, los poemas de Neruda, los hierros manipulados de Chillida, Hitchcock con sus Pájaros o Messiaen con el interminable catálogo de 1958.

En plena madurez, Haydn compuso el Cuarteto nº 32, en do mayor «El pájaro», en el que desmenuza toda suerte de virguerías inspiradas en los diferentes sonidos de los gorriones de su jardín. El resultado fue un atractivo momento musical tan oportuno como ingenioso. Las cuerdas, alternativamente, recorren la partitura repleta de trinos apoyaturas, mordentes, etc., que los excelentes músicos del Cuarteto Noga aprovecharon para ratificar su fama con efusiva recepción de los socios de la SFV.

El Cuarteto nº 2, op.13, de Mendelssohn en una pieza extensa, contundente y densa, plena de matices. En el segundo movimiento fugado tanto Rotunier y Vernhes en los violines, Chameides a la viola o Bachs al cello, mostraron un ejercicio de busca y captura difícilmente superable por afinación y arrojo. Una verdadera delicatessen.

A pesar de poseer un inmenso repertorio de obras modernas (Ravel, Janacek, Dvorak) y contemporáneas (Ades, Ligeti, D´Netto), los Noga continuaron aferrados al clasicismo de Haydn con el Cuarteto op. 31 en si menor, e incluso con el bis. Su ultima grabación con obras de Reynaldo Hahn y Debussy hubiera sido recibida con expectante interés en el Almudín. Nos dejan esa deuda. Siempre nos quedara Spotify.

Por primera vez en la post-pandemia, la SFV permitió el aforo completo siempre supervisando la temperatura de los asistentes. Como tiene que ser.