Aún en las postrimerías del s. XX veíamos como algo casi ajeno la amenaza de las plagas foráneas. Queríamos pensar que en nuestro caso ya sufrimos las consecuencias de la tristeza, que obligó a arrancar más de 40 millones de árboles y a reestructurar en los 60 y 70 las plantaciones cambiando el pie amargo por uno tolerante. Aquella pesadilla, originada por la introducción de material vegetal asintomático de California, ya pasó e inocentemente muchos creían que no se podría repetir nada igual. Esta semana, sin ir más lejos, dirigentes del sector estuvimos citados en la sede del IVIA de Moncada para realizar un simulacro, para prepararnos para la hipotética llegada a España del HLB, una bacteria con una capacidad de destrucción igual o mayor que la de aquel infausto virus que ya puso a nuestra industria contra las cuerdas. El ‘Cotonet de Sudáfrica’ –frente al que aún no disponemos de soluciones-, la Xylella –cuya erradicación está resultando tan traumática- y la rápida expansión del insecto transmisor del citado HLB en Portugal, ya incluso en zona citrícola del Algarve así como en la cornisa Cantábrica, nos ha hecho aterrizar definitivamente en una realidad marcada por la globalización y el cambio climático. La intensificación del comercio conlleva que, junto a las importaciones de fruta puedan llegar también plagas propias de otras latitudes. El aumento de las temperaturas dispara las posibilidades de que esos destructivos y lejanos virus, bacterias, insectos u hongos sean capaces de adaptarse. Y, mientras tanto, Europa lidera con proyectos como el ‘De la granja a la mesa’ la transformación hacia una agricultura más sostenible pero también cada vez más indefensa frente a tales amenazas. La ‘Mancha negra’ y la ‘Falsa polilla’ son dos de los máximos exponentes de ese fenómeno: se defendían los controles existentes y se negaba el riesgo pero lo cierto es que la una se ha asentado en Túnez y la otra en Israel, ambos bañados por el Mediterráneo. De ahí que Intercitrus -de cara a la reunión del Comité Fitosanitario celebrado esta semana- haya redoblado la presión para que la UE proteja sus cítricos con medidas de eficacia real: se pide el cierre de importaciones si se demuestra (por enésima ocasión) que Sudáfrica no es capaz de controlar el citado hongo -esto es, a partir de las 5 rechazos anuales- y aplicar un ‘cold treatment’ en tránsito contra la ‘Falsa polilla’, ante la evidencia de que el método aplicado en la actualidad por Israel y Sudáfrica no garantiza la ausencia de plaga.