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Juan Lagardera

NO HAGAN OLAS

Juan Lagardera

Lo que se perdió con la Copa del América

La prensa sensacionalista se ha hecho eco estos últimos días de la inmensa fortuna de la británica Kirsty Roper, que nada tiene que ver con el matrimonio que dio nombre a una divertida serie televisiva de los años 70. Kirsty ya era una joven rica gracias al negocio de cerámica de su padre antes de ser finalista en un concurso de miss mundo y dedicarse a la canción pop, oficio en el que llegó a conseguir un gran hit.

Lo que se perdió con la Copa del América

Pero Kirsty ha llegado mucho más lejos y se ha convertido en la mujer más rica de Inglaterra, por encima de la propia reina Isabel II o de los mismísimos Mick Jagger y Paul McCartney, al aceptar el acuerdo de divorcio con su ya exmarido, el empresario italosuizo Ernesto Bertarelli. Kirsty y Bertarelli se pasearon juntos algún tiempo por València, y lo hicieron bastantes días a lo largo de seis años, cuando su principal afición resultó ser el equipo de vela Alinghi, el mismo que eligió nuestra ciudad como sede de la Copa del América.

Nunca valoraremos bastante lo que llegó a significar aquella competición para València. La factoría Bertarelli-Alinghi gracias a los buenos oficios de su segundo de a bordo, su compañero de colegio Michel Bonnefous, eligió València por múltiples razones: Puede ser un nuevo Montecarlo, con mejor clima incluso y sin franceses, con gente mucho más abierta y divertida, vino a explicarle Bonnefous, enamorado del barrio del Carmen, a su amigo Bertarelli. Ese era el ideario ginebrino para València, lo cual tropezaba seriamente con los intereses de algunos empresarios portuarios, empeñados en llenar de muelles, grúas y contenedores las dársenas valencianas.

Luego, alguien se pasó de listo y se perdió la oportunidad de seguir con la Copa, se fue para California, y de allí regresó a Nueva Zelanda, el país más velerista del planeta, cuyo equipo nacional ahora anda buscando un puerto europeo para asociarse como sede de la competición en 2024. Las autoridades parece que no le hacen ni caso a los neozelandeses, pero ahora cabría recordar los momentos estelares que vivió València entre 2004, tras ser elegida como sede, y el 2010, cuando el Oracle estadounidense apalizó al Alinghi en aguas de Nazaret y la Malvarrosa.

Bertarelli, poco después, deshizo el equipo y, antes, había vendido su empresa farmacéutica a la Merck. Algunos hablan de un impacto económico de la Copa del América para València superior a los 2.000 millones de euros. Hoteles, restaurantes y tiendas de alto nivel estaban siempre llenas. València no dejaba de sorprender a propios y extraños, en general gentes ricas y estilosas, con muchísimo dinero y, en ocasiones, una amplia y cosmopolita cultura, que llegaban de repente a la ciudad. Resultaba llamativo cenar en algún afamado local de València y en las mesas contiguas oír hablar en múltiples idiomas. Lo nunca visto, como aquellas fiestas que se organizaron en el Mercado Central, la primera con el náufrago Édouard Michelin, la última con la delicuescente Miuccia Prada.

Aquello se desvaneció. No se supieron sentar las bases para aprovechar la rampa de lanzamiento. No será la primera ni la última vez que ocurre. València parece abonarse a las oportunidades perdidas como en las dos finales consecutivas de la Champions de fútbol en dos estadios con nombre de santos –Denis y Siro–. Antes se terminó liquidando la Mostra de Cine cuando había llegado a ser el segundo festival de cine del país y por aquí habían pasado las grandes figuras del audiovisual mediterráneo –Yves Montand, Vittorio Gassman, Catherine Deneuve, Irene Papas, Alain Delon, Gina Lollobrigida, Sofia Loren, Monica Bellucci, Ornella Muti…-

Y ocurrió también con el IVAM, cuya época de esplendor con Carmen Alborch y Vicent Todolí se fue extinguiendo poco a poco, al igual que la impresionante orquesta operística que construyó Lorin Maazel en Les Arts y dirigió por unos apoteósicos años Zubin Mehta, cuyas walkirias todavía resuenan por el viejo cauce del Turia...

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