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Fumanal

EL MIRADOR

Verónica Fumanal

Lo de Yolanda

Aclamada como pocas en el congreso de Comisiones Obreras que reelegía a Unai Sordo celebrado este fin de semana, la vicepresidenta Yolanda Díaz se está convirtiendo en el referente más sólido a la izquierda del PSOE. Una mujer casi desconocida por el gran público hasta que fuera nombrada vicepresidenta y que, con su capacidad para labrar acuerdos en la mesa del diálogo social, sus respuestas ponderadas pero contundentes a Teodoro García Egea y su gran expresividad facial han conseguido conectar con el electorado hasta escalar en el pódium de los líderes mejor valorados. Pero, ojo, que Julio Anguita también era el mejor valorado. De hecho, acuñó una expresión que quedó para la historia: «Queredme menos y votadme más».

Con el espacio de la derecha en vías de consolidación (crecimiento del PP, consolidación de Vox y hundimiento de Ciudadanos), la incógnita del próximo ciclo electoral se centra en la izquierda, más especialmente, en la izquierda de la izquierda. El liderazgo del espacio está claro. Nadie como Díaz, que cuenta con dos de los aspectos fundamentales de una candidatura competitiva: el nivel de conocimiento y la valoración. Sin embargo, lo que no está tan claro es cómo y con quién. La principal barrera que tiene su candidatura es la unión de un espacio que se ha ido atomizando con cada escisión y crisis. Y desde la fundación de los morados no han sido pocas.

La presencia de Unidas Podemos en el Gobierno esconde su principal debilidad, la falta de un partido sólido y estructurado territorialmente, el factor clave para entender que los partidos tradicionales aguantaran el envite de los nuevos. La imagen de la vicepresidenta también suple las carencias de la organización que le ha permitido ser ministra, pero cabe recordar que ni ella se hace cargo de esta. Así lo ha hecho patente en varios feos que van desde su afiliación al Partido Comunista a su ausencia en el congreso de Podemos que aupó a Ione Belarra. Y entonces, ¿con quién? Porque se llame plataforma, frente amplio o agrupación de electores, el liderazgo de Díaz necesita de algo en lo que apoyarse. Porque como bien dice la teoría, el liderazgo es un fenómeno estrictamente grupal.

Ada Colau, Teresa Rodríguez y otras líderes regionales [¿Mónica Oltra en la Comunitat Valenciana?] estarían dispuestas a auparla como candidata de un espacio común. Sin embargo, la primera oportunidad que hay para intentar formarlo, será con toda probabilidad, Andalucía, en la que los temblores electorales aumentan cada día. Puede ser que la discreción sea tan absoluta que se esté cociendo una candidatura a la izquierda del PSOE de Juan Espadas y no nos estemos enterando. Pero si es lo que parece, Yolanda Díaz está renunciando a armar una candidatura que ponga orden al ‘tutti frutti’ de siglas en la comunidad autónoma más poblada de España, y la que marcará de forma definitiva, quizá más que las elecciones de Madrid, el próximo ciclo electoral español.

Íñigo Errejón se dio cuenta a tiempo de que si se conformaba creando ‘el partido de Errejón’, estaría condenando a su proyecto a la caducidad de su carrera. Para evitarlo, potenció a Mónica García, quien ya goza de su propia carrera y fortalece la marca Más Madrid. Yolanda no tiene ni ‘el partido de Yolanda’. Sus impulsores tienen una idea romántica de aquellos que no ven en la unión de la izquierda la utopía de los sueños imposibles. ¿Es posible generar esa plataforma electoral en dos años? En política no hay nada imposible, pero para que lo efímero no se convierta en el principal enemigo de la política, hay que pensar en los aspectos que hacen de una candidatura algo sólido: la estructura, la infraestructura y la superestructura. Que para eso acaban de celebrar su congreso los de Comisiones Obreras. 

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