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Esquivel

La ventana

Francisco Esquivel

A la caza del ritual

Del 1 al 31 de este octubre serán 70 las series y las docuseries que se estrenen en donde usted sabe. Sí, ya se puede dirigir uno así a la audiencia porque resulta que el 80 por ciento de los hogares españoles maneja plataformas televisivas de pago. Es más, la media se ha ido hasta 2,7 por cuarto de estar. Parece coño que las regalan.

Abrumado mando un guasa a otra pareja para ir al cine. Aún a sabiendas de que ella no ha vuelto a las salas, siento la necesidad de reconocerme. Quedamos, tomamos un arrocito bajo los tenues rayos de sol que iluminan la mesa, hablamos de los nuestros, destripamos a los que nos gobiernan y a quienes ni siquiera eso, nos indigestamos con ciertas sentencias marcianas, el papel que el tan trillado poder judicial debería ejercer y que ni por el forro, y nos reímos porque acabamos tomando postre los cuatro cuando ninguno quería. Acuerdo en la elección de peli sí que se produjo. Veníamos oyendo hablar de ella, no podía tener mejor pinta esa crítica social repleta de ironía. Como era de prever nos lo pasamos pipa con bastante gente incluso en las butacas y salimos haciéndole la ola al guion, a León de Aranoa, valga la redundancia, hasta terminar descubriéndonos ante ese animal interpretativo llamado Javier Bardem. Y no solo él está que se sale. Después de seis horas de compartir, nosotros, conste, también nos despedimos hechos unos toros.

Y sin embargo aquí estoy hoy intentando elegir entre la desmesurada oferta. ¿Cuántas propuestas de varias temporadas y no sé qué tira de capítulos habrán sido abandonadas en el camino? Una cualificada oyente denuncia en Radio Nacional que teuveé entre en el juego de calamares y no espacie las entregas. Que no quiere darse el atracón y sí disfrutar el día de la semana elegido de ritual. Yo hay veces que echo en falta aquellas noches en que los vecinos recogían sillas, dejaban la cháchara y nos subíamos a ver «El fugitivo» y a rezar porque no lo cogiera el teniente Gerard. Pero tanto, tanto que, cuando salgo, la mañana siguiente me la paso buscando al manco.   

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