València ha sido este mes de octubre la capital política de España, con la celebración del congreso del PSOE y la convención del PP. Bienvenidos sean actos así, que traen a multitudes a una ciudad necesitada de reactivar la actividad y el comercio. Sólo por eso, ya ha merecido la pena. 

Ni socialistas ni populares escatimaron recursos para presentar su mejor imagen ante todo el país. Feria Valencia se engalanó durante tres días para acoger la ceremonia de entronización de Pedro Sánchez, con un gasto que se estima en más de dos millones de euros. Pero, quizás por las circunstancias, por celebrarse en un territorio donde no gobierna, fue más singular la puesta en escena del PP en la plaza de toros de València.

Al fin y al cabo, Sánchez jugaba en casa. Sin embargo, hacía trece años que València no era el centro político del Partido Popular. Y hubo algunos detalles que pasaron desapercibidos. María José Catalá se había estrenado sólo días antes como portavoz en el Parlamento autonómico y había demostrado que, además de llevar la política en su ADN, el PP ha cerrado una etapa y abre otra. Catalá desplegó en las Corts Valencianes un verbo afilado y marcó distancias con el estilo de su antecesora, Isabel Bonig, que a veces mostraba más belicosidad con sus compañeros de partido que con sus adversarios políticos.

Carlos Mazón se estrenaba en plaza grande y cumplió las expectativas con un discurso cargado de emociones. No faltaron las alusiones al agua, la falta de infraestructuras, la infrafinanciación, el valencianismo... En definitiva, el discurso que añoraba la militancia y que indudablemente sirve para orientar a miles de afiliados y simpatizantes que andaban esperando imagen de unidad y liderazgo. El gesto de invitar al expresidente Francisco Camps, olvidando así recientes confrontaciones, va en esa línea de sumar y de restañar heridas. Hasta Pablo Casado volvió a reivindicar sin complejos a Rita Barberá como referente del PP, esa misma Rita a la que había ajusticiado cinco años atrás pidiéndole que se echara a un lado. Otros (y otras) han pedido públicamente perdón por el trato que dispensaron entonces a la exalcaldesa, pero no ha sido el caso del líder del PP...

Todo podría darse por bien empleado si Casado cumple con la palabra que dio a Catalá y a Mazón y se convierte en el presidente que acaba con la infrafinanciación histórica de la Comunidad Valenciana. Siempre y cuando no se le adelante Sánchez, claro, que Ximo Puig aún cree en el milagro.