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alberto soldado

Va de bo

Alberto Soldado

Valor sentimental de una final

El Joc de Pilota nos presenta este fin de semana una cita singular, si se quiere minoritaria, pero de profundo calado sentimental. Se trata de la final de la modalidad de perxa. Se jugará en Fageca, un pueblecito de la montaña alicantina. Se juegan el título absoluto otros dos equipos procedentes de Sella y Castell de Castells. Completan el cuadro de poblaciones, en las finales de segunda y tercera, las procedentes de Benillup y de Crevillent. Tiene valor sentimental porque no era fácil recuperar una especialidad perdida. Se ha hecho gracias a hombres dispuestos, a personas comprometidas, que siguen fieles a la tradición heredada. Es más fácil hacerlo en poblaciones donde la influencia de la cultura de la uniformidad todavía no ha arrasado con las tradiciones, allá donde el juego en las calles sigue siendo posible porque existe el compromiso de protegerlo.

La perxa es una de las especialidades del Joc a Ratlles, que proviene de tiempos tan remotos que el divulgador Scaino, italiano, ya la describía a la perfección en la época del Renacimiento. Otras modalidades han optado por simplificar el juego con dos excusas: evitar los conflictos sobre la resolución de una ratlla y con la intención de hacerlo más comprensible al gran público. Eso, según la tradición oral es lo que pensó el Nel de Murla para colocar la cuerda en los trinquetes, pues en ellos se jugaba a ratlles. En el raspall todavía hay muchos aficionados que recuerdan esa modalidad de ratlles pues acabó arrinconada a finales de los 60.

Se mantiene el juego a largas y ratlles en pueblos perdidos de la Frisia holandesa, de las regiones de Flandes y Walonia, en la Picardía, en el Piamonte, la Liguria y la Toscana, en algunos valles vasco navarros en tierras valencianas, en algunas poblaciones canarias y en regiones de América, como los ocupados por las viejas naciones mixtecas o tarascas, del actual México, o en los valles andinos del sur de Colombia y norte de Ecuador. También en algunas poblaciones de la sabana venezolana. En América consideran estos juegos como autóctonos y allá donde perviven lo ha sido por el entusiasmo sentimental de quienes sienten su cultura como parte inseparable de su ser. El campeonato del mundo de Colombia puso de manifiesto el compromiso popular de las gentes humildes de aquellas perdidas regiones, que a miles acudieron a los encuentros.

Hoy domingo, el pueblo de Fageca vivirá una jornada especial. No participarán los grandes ases de nuestro deporte, que ellos tienen su sitio en el gran espectáculo. Jugarán entusiastas aficionados. Y el mejor título para ellos es el de ser albaceas de una modalidad rescatada y mimada por románticos de la causa.

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