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Martí

Valencianeando

Joan Carles Martí

La tercera Tusquets de Russafa

Lola Mascarell debuta con ‘Nosotras ya no estaremos’ y forma con Elisa Ferrer y Bárbara Blasco el trío de moda literario del barrio

Valencianeando

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Los que cantamos y bailamos el ‘Nicaragua sandinista’ de Kortatu debemos ser los más autocríticos del mundo, nos va la credibilidad en ello visto como ha acabado la revolución centroamericana y como Daniel Ortega, pata negra sandinista, se ha convertido en un sátrapa. Fermin Muguruza hizo la canción cuando otra vez depositamos la ilusión en la caída de Somoza, como antes otros hicieron lo propio contra Batista mientras Fidel Castro también salía rana, o mejor, culebrón. Así que nada mejor para pasar página que hacerlo con un libro, con la novela de Lola Mascarell ‘Nosotras ya no estaremos’, la primera de la poeta y la tercera de la factoría de Tusquets de Russafa. Estoy mosqueado con el The New Yorker porque todavía no ha prestado atención a la mayor producción literaria europea de un barrio mediterráneo de origen árabe protagonizado por mujeres. Hasta las míticas revistas andan despistadas. Mascarell no ha ganado el Tusquets como Elisa Ferrer y Bárbara Blasco, pero debuta en la narrativa con una literatura mágica por las calles de València y sus alrededores. Exquisita poeta («Quizás lo que nos salva / son los raros momentos / en que no pasa nada.») su libro sale el miércoles y lo presentará el viernes en la Ramon Llull en conversación con José Saborit y Carlos Marzal.

Ensanche.

Tusquets no es una editorial cualquiera y su apuesta por tres escritoras valencianas del mismo barrio es motivo de celebración, además de orgullo para los que hemos vivido en Russafa y todavía mantenemos alguna relación. Hay una ciudad viva y talentosa más allá de las zonas acústicamente saturadas, los botellones y esa cara antipática que destila la casa consistorial. Suele pasar, hay que coger unos cuantos kilómetros de distancia, física y emocional, para contemplar la verdad. Para los que creen en las casualidades será ordinario, sin embargo la realidad vuelve a superar la ficción con tres escritoras que desde aquí han conquistado el mercado editorial, con perdón. Y eso nos lleva a una percepción que mantengo desde hace tiempo, y es que la València real nada tiene que ver con la oficial, que el espíritu libertario de estas calles permanece tan infiltrado que sobrevive a cualquier coyuntura. Las ciudades proyectadas en la literatura adquieren un magnetismo inmortal, y llevábamos una buena temporada librera.

Transformismo.

Ese espíritu divertido y muy socarrón lo encarnó a la perfección durante los últimos años del franquismo el transformismo. Un aire de libertad en tiempos difíciles que más tarde explosionó con el fenómeno drag queen, ahora convertido en concurso televisivo de máxima audiencia. Ese tránsito de los garitos de la València nocturna al relumbrón de la emisión de las cadenas comerciales le debe mucho a Antonio Campos, ‘La Margot’. Su historia muy bien reflejada en el libro de Juan Barba y Rafael Solaz ha saltado a una buena exposición en el MuVIM, que se inauguró el pasado jueves con la presencia de Campos, que necesita más atención igual que sus compañeros, los pocos que quedan y también los muertos. Libro y museo, pero sin una serie de televisión. Algunos creímos que la recuperación de la corporación pública de medios iba a representar una reactivación de la industrial audiovisual, sin embargo está comprobado que los responsables del ente (por activa y pasiva) quedan también fuera de la València real. Está documentado que el transformismo valenciano tuvo un éxito de crítica y público, que además mantuvo una actitud política muy comprometida con las libertades democráticas en todo momento. Ni por esas, la mojigatería oficial es muy transversal.

Buena esperanza.

Escribe Lola Mascarell que «la casa es nuestra madre» y que «quizás uno nunca acaba de irse de las casas que ama», dos descripciones que amplifican el concepto doméstico y que deberían poner la brújula hacía las revoluciones pendientes.

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