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Juan José Millás.

Todo se rompe

Leo que mucha gente ve los acontecimientos deportivos retransmitidos por la tele con el espíritu de quien asiste a un espectáculo pornográfico. Amantes de las mallas, de la ropa ajustada, de los calzones cortos, de las piernas y los brazos al aire… De ser cierto, y parece que sí, estaríamos ante una psicopatía oculta. Ese marido ejemplar, que ha sintonizado un partido de tenis femenino a cuyas peripecias asiste mientras se bebe una cerveza, está viendo realmente algo distinto de lo que finge ver. Pero lo hace bajo una coartada perfecta, pues nada hay más inocente que una competición deportiva. La esposa y las hijas de este sujeto van y vienen de la cocina a los dormitorios, atraviesan el salón, quizá le lanzan un beso al pasar sin darse cuenta de que el padre y el cónyuge ejemplar está viendo un espectáculo que no tiene nada que ver con el que aparece en la pantalla. - ¡Pero si a ti no te gustaba el tenis! -le dice una de las hijas. -Pero voy cogiéndole el punto -dice él.

He ahí un caso de doble vida curioso, una doble vida llevada a cabo en el interior del hogar. Me pregunto si, en el nivel inconsciente, su entorno se da cuenta de lo que ocurre, aunque lo reprime para evitar meterse en líos. Durante años, los abusos a menores se llevaban a cabo (y quizá todavía) en el entorno familiar. No había, de hecho, lugar más seguro para violar a una criatura que el domicilio propio. ¿Por qué? Porque allí, con frecuencia, se miraba para otro lado. Cuando el abuelo se sobrepasaba con la nieta, la nieta sabía que debía callar porque la culpable era ella. En esto de culpar a la víctima hemos llegado a alcanzar un virtuosismo digno de estudio. No ha habido niña o niño abusados que no se sintieran culpables de que los agredieran. Cuando los psicólogos hablan de un «ambiente incestuoso», se refieren a una atmósfera en la que, sin llegar a perpetrarse atrocidades sexuales, se dan las condiciones para que sucedan. No me gusta el deporte en general y cuando tropiezo en la tele con un partido de fútbol, cambio enseguida de canal. Las personas a las que de repente comienza a gustarles la gimnasia rítmica, ¿se preguntan por qué? ¿Vivimos en un mundo prepatológico en el que nada es lo que parece? Quizá sí, no sé. ¿Todo se rompe, todo se corrompe?

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