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Mercè Marrero

LA SUERTE DE BESAR

Mercè Marrero Fuster

Sobre vacunas y mascarillas

De pequeña me hacía feliz que viniera gente a cenar a casa. Era el día que se cocinaba un redondo de ternera con patatas gratinadas. Se servía consomé, surtido de quesos y embutidos, helados con galletitas varias y panes calientes y crujientes. Todo un festival. Me quedaba dormida escuchando las conversaciones de los adultos. Esa sensación de que el mundo sigue mientras una duerme es tranquilizadora. Todavía recuerdo a un señor, economista él, que hablaba de las teorías conspirativas. Decía que no comprendía cómo era posible que hubiera gente con sentido común que creyera que unos cuantos se dedicaban a manejar el mundo a su antojo. Que eran quienes decidían las guerras que se libraban, los dirigentes a derrocar, la aparición del SIDA o los accidentes aéreos. Yo no entendía nada, pero hoy le tengo muy presente, porque en la sección de verduras del supermercado de mi barrio he coincidido con un compañero del colegio que cree que estamos donde estamos porque alguien lo ha orquestado así. Me ha apuntado varias veces con un manojo de zanahorias y un par de puerros, al tiempo que me ha tildado de ignorante por poner en duda que el COVID es fruto de una decisión tomada por cuatro millonarios que quieren dominar el mundo. No recordaba que mi compañero fuera así. Creo recordar que alguna vez le consideré un tipo generoso, incluso inteligente, pero después de decirme que no pensaba vacunarse porque pasaba olímpicamente de ser manipulado, he desechado esa afirmación. Le he dicho que me parecía un irresponsable y él me ha llamado vendida. Y fueron felices y comieron perdices. Cada uno por su lado. Él con sus zanahorias y yo con mis manzanas.

Hasta que no se demuestre lo contrario, la vacuna salva vidas. Hasta que no se demuestre lo contrario, la mascarilla previene los contagios. Ambas afirmaciones son avaladas por las mayores comunidades científicas. Entonces, ¿por qué hay algunos que no se vacunan y otros que no usan la mascarilla o, lo que es lo mismo, la usan mal? Pues, no lo sé. Supongo que debe ser algo parecido a quien fuma, a pesar de que la ciencia ha confirmado que está comprando boletos para la rifa del cáncer. O a quien toma el sol en las horas centrales del mes de agosto, sin ningún tipo de protección y a pesar de las alertas sobre la piel y su memoria. Quien lo hace sabe que existe un riesgo, pero piensa que jamás le va a tocar el boleto de esa rifa y vive con la contradicción. Sé lo que me digo, he sido fumadora y he tomado algo el sol. Sin embargo, cuando las consecuencias de nuestros actos, como es no usar la mascarilla o no vacunarse, pueden tener repercusiones en la salud de las personas a quienes quiero, incluida yo misma, siento una cierta impotencia y frustración.

Mientras la responsabilidad, la razón y el sentido común hacen aparición, ruego a quienes usan el transporte público, van al gimnasio, a supermercados, tiendas o comparten espacios con otros congéneres que usen y se pongan bien la mascarilla. Es lo que tuve que solicitarle a mi compañero del colegio, mientras me apuntaba con una zanahoria y me llamaba borrega. Insultar no es necesario, pero hacerlo lanzando aerosoles, lo es menos.

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