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Alfons Garcia

A VUELAPLUMA

Alfons Garcia

Defender la esperanza

Uno de los libros de Almudena Grandes

La tarde de sábado se queda rara. La alerta en el móvil hace que el libro caiga de las manos. Muere la escritora Almudena Grandes a los 61 años. Buscas datos. La última columna. Aquella en la que anunció el mal. Rebuscas en la memoria. Aquel viaje a la sierra de Jaén con periodistas (y con ella) hace diez años. Una mañana fría en Malasaña, su barrio, en 2015 por una entrevista. Miras el correo y en el buzón de entrada acaba de aparecer un mensaje de una vieja compañera. Cuenta una historia lejana, de hace veinte años, y adjunta la imagen de un artículo de aquella época de Alfons Cervera. El artículo habla de una mujer joven y su hijo. Se ha divorciado hace poco y ha encontrado nueva casa. Pronto empieza el acoso. Es el señor de al lado. El que lleva aparentemente una vida mansa con su mujer tras la puerta contigua del rellano. Un maestro de niños pequeños. Un hombre de bien. Aparentemente. La vigila. Le deja mensajes en el buzón del zaguán. Ella fue a la Policía. Incluso se cambió de casa. Pero no se libró de él. Descubrió dónde estaba y la llamaba por teléfono. La observaba desde la calle. Ni la muerte impediría que la amara, llegó a escribirle. Cada vez daba más miedo. Ella fue al juzgado. Denunció. Impusieron rápido una orden de alejamiento al acosador. No sirvió de mucho. Allí seguía cualquier tarde, como la soledad y el miedo.

Yo era aquella, escribe ahora. Han tenido que pasar veinte años para que hable con templanza de aquel tiempo. Tropezó no hace mucho en un cajón con los papeles del juzgado, las facturas de la mudanza, y recordó el coste emocional (sin timbre ni certificado) del acoso. De aquellos recuerdos, de aquella historia oscura como una nube azul de invierno, ha surgido un pequeño relato. Cuenta que escribir ha sido la mejor pomada contra las cicatrices. Que ahora sabe que el pasado es por fin pasado. Que el dolor ha amainado y la fiebre se ha apagado. Han pasado veinte años, que son mucho más que nada. Cuenta que le acaban de dar un pequeño premio. Que es poco y es mucho para ella. Que está feliz y que lo quiere compartir. Que hay historias con final feliz, aunque parezca que no existen.

El azar ha querido que el mensaje llegue justo cuando la muerte de Almudena Grandes, mientras empiezan a llover noticias y necrológicas. Piensas que no hay mejor homenaje, que esta historia es de ella, que forma parte de lo que ella ha dejado, del universo que ha enseñado. Historias para vencer el miedo, para iluminar a los perdedores y ganar con ellos, para que el olvido no sea otra derrota. Hurgas en la hemeroteca, desempolvas el resultado de aquel encuentro de 2015, en un país entre hombres de negro, en crisis y empobrecido. Un país que volvía a besar el pan cuando caía al suelo, porque el pan es de Dios, esa frase que oías de niño. Un país pobre que no era novedad porque España siempre lo había sido, decía ella. Pobre, pero con gestos que conmovían a diario, no la España neoliberal de los nuevos ricos, consumista, insolidaria y hortera, decía ella. En 2021, en este interregno extraño y enfermo, no sabes bien qué destino ha tomado el país. Pero sabes que quedarán siempre resistentes dispuestos a defender la esperanza. A vencer al olvido.

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