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Opinión

Ateneo Libertario Al Margen de València.

Ovejas negras

Poco (y casi siempre mal), se habla de las llamadas 'ovejas negras' de un grupo, de la familia, de una organización, de una colectividad.

Dos teorías intentan explicar el origen de la expresión “oveja negra”.

Una viene de la fábula bíblica, donde se juzga a un padre que perdona a su hijo a pesar de ser la oveja perdida.

La otra  parece venir de un relato de Ítalo Calvino, en el que cuenta que en un pueblo donde todos sus habitantes eran ladrones. Vivían en armonía y había un equilibrio porque todos robaban a todos. Hasta que llegó una nueva persona que se negó a esa vida. A partir de ahí, nacieron las desigualdades entre ricos y pobres, los contratos y salarios para que unos robaran por otros. Y finalmente el nuevo vecino murió de hambre por no querer robar.

Para una “oveja negra”, la situación normal es seguir sus propias ideas pero mantener la mente abierta a las nuevas, aprender de las experiencias vividas, fomentar la curiosidad por cuánto le rodea, romper con la inercia cotidiana y saber escuchar las aportaciones externas, todo lo cual, va a requerir de mucha mano izquierda (dejaremos esta expresión para otro artículo), mucha reflexión, mucha constancia, y por supuesto, de mucho valor para cuando las decisiones que tome, no concuerden con lo que la mayoría espera. Porque lo más cómodo, lo menos conflictivo, lo que hace que no se note la presencia, lo que permite "integrarse" en la sociedad sin ningún esfuerzo, es seguir las normas "de siempre", continuar con las tradiciones sin mirar su bondad, utilidad o villanía, creerse las "creencias" que te imponen desde que naces sólo por el hecho de serlas.

En cambio ser "oveja negra", actuar como "oveja negra", o que te tachen de “oveja negra”, implica, además de un esfuerzo titánico por explorar nuevas formas de comportamiento, ser el blanco de las críticas de quienes nunca alzaron su voz, exponerse al rechazo de quienes se asustan ante lo diferente, someterse al juicio sesgado de quienes nunca intentarán cambiar nada. Críticas, rechazos y juicios, derivados de un desconocimiento de lo que significa no dejarse controlar, no dejarse domesticar, no dejarse desmenuzar, tener iniciativas propias.

Estar programados para creer que lo de siempre es lo correcto y lo mejor, es la garantía de que se verán con malos ojos cualquier atisbo de rebeldía, cualquier intento de contestación, la exploración de nuevos caminos, la puesta en práctica de los sueños. Ir a contravía, lo llamarán, cuando la realidad es que la contravía es reprimir los deseos, no intentar llevar a cabo los sueños, frustrar el talento, conformarse con la vida que te dicen te ha tocado vivir, no actuar por creer que ya vivimos en el mejor de los mundos posibles.

Si nos maravillamos y cuidamos de una flor rara, con más razón deberíamos maravillarnos y cuidar de las rarezas de las “ovejas negras”,  garantía de libertad, de espíritu crítico, de afán de superación, en definitiva, garantía de un progreso social y espiritual, hoy en día más necesarios que nunca ante los terribles embates, castrantes y tóxicos, que muchas veces, y casi de forma continua,  recibimos desde todos los ámbitos (la familia, las amistades, la política, educación, medios de comunicación, economía, religión,..).

En tiempos de masificación, de globalización, cuando todo nos empuja a actuar, a vestir, a comer, a disfrutar con uniformidad, tiempos en los que la rebeldía se intenta equiparar al delito, ser "oveja negra" es la mejor, muy eficaz y más noble contribución que se puede hacer al progreso de una humanidad, que de tanto caminar en la misma dirección, ha perdido el norte, y por tanto, también desconoce dónde está el sur, el este y el oeste.

Decía Antoine de Saint-Exupery en su obra El Principito que “el mundo entero se aparta cuando ve pasar a una persona que sabe a dónde va”. Bastaría con recordar esas palabras para intentar valorar, saber proteger y poder fomentar las diferencias, aprovechando las virtudes, la valentía y la autenticidad de las “ovejas negras” cuya existencia siempre se debate entre la traición y la supervivencia.

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