Un escalofrío me transita desde ayer. La tragedia de una figura de relevancia pública nos hace sentir vinculados de alguna forma a la persona a quien le ha ocurrido. Por eso es especialmente necesario hablar con rigor de la desgracia que supone el suicidio.

Es necesario informar a la ciudadanía de que la mayoría de los suicidios se pueden prevenir, según la Organización Mundial de la Salud.

Verónica Forqué ha muerto por suicidio y yo no puedo dejar de pensar en su hija y en todas las hijas, madres como yo, parejas… a las que un hachazo ha roto sus horas desde ese instante.

Cada día, 11 personas de promedio se suicidan en España. Cada suicidio deja en torno a ocho personas vinculadas directamente, desgarradas en un traumático duelo presidido por la culpa y la vergüenza que acompañan al tabú. Porque el suicidio sigue siendo un tabú que ha imposibilitado hasta ahora la prevención.

El suicidio es un terrible problema de salud que concierne a toda la sociedad.

Es un problema social que afecta a todos los países, todas las culturas y todas las clases sociales. No existe un perfil de la persona suicida. Puede ser cualquiera.

La conducta suicida es un problema complejo que no podemos reducir ni simplificar a una sola causa o desencadenante. Es el resultado de la interacción de muchos factores de riesgo personales, sociales, familiares…

La prevención del suicidio pasa, en primer lugar, por hacerlo visible, por introducir el suicidio en el debate social. Por romper el tabú que oculta y estigmatiza a las personas afectadas. Es necesario también, romper con los mitos, las falsas creencias que se han generado en torno al suicidio.

En 2015, como cita el Manual de apoyo a los medios de comunicación, Carles Alastuey y la Asociación Después del Suicidio, publicaron el documento «Mitos y creencias equivocadas respecto a la muerte por suicidio» (Alastuey C, 2015). Es importante hablar de esas falsas creencias para poder cambiar el enfoque, conocer el fenómeno del suicidio y superar muchas de las dificultades para su prevención.

En segundo lugar, el carácter transversal y multifactorial del suicidio hace necesaria una estrategia global, un Plan Nacional de Prevención de la Conducta Suicida enmarcado en la Estrategia de Salud Mental, como el que presentó la exconsellera Carmen Montón  www.prevenciodelsuicidi.san.gva.es en el año 2017.

Recientemente, a nivel nacional se presentó un Plan para la prevención y tratamiento de enfermedades mentales. En la Comunitat Valenciana, el President comunicó la puesta en marcha de un Plan de choque en salud mental y la creación y nombramiento de la figura del Comisionado para la salud mental.

Potenciar las redes de salud mental se hace indispensable para la prevención en salud mental y en conducta suicida. Acaban de salir a la luz los datos elaborados sobre el efecto de la pandemia en los trastornos mentales de los niños, que se han multiplicado por cuatro.

La formación a las y los profesionales de Sanidad, Educación, Servicios Sociales, Fuerzas de Protección y de Seguridad en prevención, detección e intervención ante la conducta suicida constituye un pilar fundamental en el éxito de toda estrategia preventiva.

En tercer lugar, tenemos que abordar también la prevención de la conducta suicida y de todos nuestros malestares desde la ciudadanía, desde el ámbito social. El suicidio no es un problema individual ni familiar, es un problema social.

Las familias en muchas ocasiones no pueden ofrecer el sustento necesario a los supervivientes de un suicidio. Este término, superviviente, lo utiliza la Organización Mundial de la Salud para nombrar a las personas directamente vinculadas con un suicidio. La razón es que nuestro sufrimiento es comparable a los supervivientes del Holocausto.

Las asociaciones de apoyo mutuo para supervivientes son un marco acogedor de probada eficacia según la OMS.

Suelo contar la sensación de alivio que experimenté una tarde al ocupar una silla entre un grupo de supervivientes.

No era la única. Me sentí acogida y acompañada. Una más que se tenía que enfrentar a las primeras Navidades sin su hija. A su primer cumpleaños sin velas ni tarta. No fui juzgada ni me sentí con necesidad de hacer o decir nada en especial. Encontré un lugar.

Tenemos que activar redes de protección, apoyo y acogida en nuestros entornos. Sujetar a quien le fallan las fuerzas.

Porque las fuerzas fallan.

Podemos prevenir la mayoría de los suicidios. Comencemos por hablar de ello.