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Amparo Zacarés

tribuna

Amparo Zacarés

El estilo del abuso

El estilo del abuso

Con este título, Raffaella Scarpa presenta su estudio sobre la función que el lenguaje desempeña en una relación de maltrato. Profesora de lingüística médica y clínica en la Universidad de Turín, centra su atención en el comportamiento verbal del maltratador a fin de evidenciar el discurso que utiliza para dominar la voluntad de la mujer a la que acosa. Se trata, sobre todo, de un discurso comparable con un asedio lingüístico en el que es posible detectar el vínculo que existe entre el mundo interno del sujeto y las formas lingüísticas que emplea, algo que en los estudios de lengua recibe el nombre de «estilo». Al fin y al cabo, como recuerda la autora citando a Georges-Louis Leclerc de Buffon, «el estilo es el hombre mismo». El análisis de esos textos escritos como cartas, mails, sms, así como los testimonios orales registrados a los que tuvo acceso gracias al personal médico-sanitario y a profesionales de la mediación y de la justicia, ha resultado ser un buen método de investigación para detectar la repetición de un sistema argumentativo repleto de falacias y mentiras.

Lo más interesante es que no existen diferencias sustanciales en la forma de argumentar y expresarse de los maltratadores en el momento en el que se produce el abuso. En otras palabras, las características lingüístico-estilísticas del discurso del abuso eran semejantes a pesar de tratarse de un grupo heterogéneo y diverso. En definitiva, este estilo expresivo se basa en un sistema lingüístico en el que el maltratador comienza construyendo al sujeto («tú eres así»); continúa con la deconstrucción del mismo sujeto («tú no eres»); poco después enuncia y crea la realidad («ha sido así, será así, es así»); a continuación impide que se le contradiga con la interdicción del sujeto («te lo demuestro»); luego se expresa con rodeos para intimidar y recordar que él «está ahí» y finalmente hace recaer la culpabilidad en la víctima mediante una fórmula autorepresentativa que le exculpa («no he sido yo»). De todo ello lo importante es destacar que los mensajes contradictorios e ilógicos que el maltratador emite, incapacitan a la víctima para reaccionar críticamente y la mantienen en la duda ya sea por temor o por dependencia emocional. De ahí la importancia de enseñar a reconocer el estilo lingüístico del abuso. De hecho, la autora dedica su libro «a quien no sabe reconocer lo intolerable».

Recordé las investigaciones de esta experta en lingüística, al conocer la noticia de la última víctima de violencia de género que se ha producido en València. Me refiero al asesinato de una joven profesional, alegre y vital, que no se ajustaba, según el imaginario colectivo, a la idea de mujer maltratada y que ha conmocionado a la ciudad entera. La casualidad quiso que el mismo día en el que se sucedieron las concentraciones y muestras de dolor por ella, estuviera yo en Roma donde en los vagones del metro se podía aún ver los grandes expositores en los que se mencionaba el 25 de noviembre como día internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer. Sobre un fondo rojo y el teléfono al que llamar para recibir ayuda, se podía leer: «Es importante aprender a reconocer la violencia porque a veces no la reconoce ni siquiera quien la padece». Nada más leerlo, el rostro sonriente y confiado de Cristina, la joven valenciana asesinada por su pareja, se me representó de inmediato. Una joven que, como sucede en todo ser humano, esperaba que se le tratase bien y no mal. Esta expectativa tan arraigada en el fondo del corazón humano, según dejó dicho Simone Weil, nos hace vulnerables y ser fáciles presas de los maltratadores. Por eso no está de más insistir en la importancia de incluir la educación afectivo sentimental en los centros educativos sin olvidar que existe un estilo lingüístico del abuso que hay que aprender a detectar y desactivar con la mayor prontitud posible.

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