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Martí

Unas fiestas cada vez menos tradicionales

Cada Navidad son más las familias que optan por celebrar estas fiestas en restaurantes o con comida para llevar

Farmacia de València

Había un gentío y un coche con el maletero abierto subido a la acera junto a la puerta del restaurante el día de Navidad. Me acerqué y vi a una señora con una caja de cartón en mano repartiendo test de antígenos. A su alrededor el resto de una familia extensa, unos con el bastoncillo en las napias, otros inquietos esperando el resultado y los que quedaban esperando el turno para recoger la prueba. La escena era de anuncio de la conselleria de Sanitat, una saga absolutamente responsable comprobando su nivel de inmunidad antes de la entrañable celebración. Estuve tentado en quedarme para ver si había algún positivo, y que hacían con él, si lo envían de vuelta a casa, lo encerraban en el coche o qué, pero me esperaban también para comer y desaproveché la ocasión para un relato de autorrealidad pandémica. No sé si hubo otras familias en el mismo trance, pero me pareció de una ejemplaridad absoluta. Además, con la determinación de como dirigía la matriarca quedaba claro que con la salud no se juega. Desconozco si entre la parentela tenían algún contagio positivo o incluso algún caso reciente más grave, pero la disciplina era regía durante el instante que observé la escena.

Comer fuera.

Lo que quería advertir es como desde hace un tiempo hay muchos restaurantes que abren el día de Navidad, además de los chinos por su puesto. Para los ‘boomers’ eso era impensable en nuestra adolescencia. La hostelería de València cerraba siempre el 25 de diciembre al mediodía. La actual oferta obedece a la desatención culinaria de las nuevas generaciones, capaz de sobrevivir entre precocinados y platos sencillos, aunque neófita en los grandes guisos típicos de estas fiestas y por su puesto a la biología. Sin embargo, son contados los establecimientos que ofrecen el tradicional ‘putxero’, así que las unidades familiares se conforman con un menú copioso pero alejado de los cánones de la época. Vi a gentes con la paella encargada subiéndola al maletero, con enormes cajas de pizza, con sushi y por supuesto a muchos repartidores a domicilio con las supermochilas repletas de comida rápida. Me consta que eso solo pasa en la urbe y su área de influencia, porque en comarcas estas cosas se miran más, pero ojo que cada vez quedan menos familias tradicionales, entre divorcios, custodia compartida, noviazgos internacionales y tal, la globalización de València va a la carrera.

Forza panettone.

Como descreído impenitente no me parece mal, sino una observación real de hace dos días y que merece una atención por parte de científicos sociales independientes, los otros ya tienen bastante con lo suyo. Por cierto mucho con eso de que el ‘Nadal és valencià’, pero nadie habla de la invasión del ‘panettone’, ese panquemao de brioche con una amplia variedad de frutos secos y chocolate. Es como si de repente los turrones autóctonos hubieran desaparecido del mapa, de las cestas navideñas, de los regalos e incluso de los supermercados. Hecha la comprobación pertinente, en las celebraciones de estos días en Milán y alrededores no hay una fiebre desmedida por nuestros turrones y dulces, ellos siguen fieles a lo suyo.

La economía real está en la calle

Solo había que hablar con los restaurantes para saber que la sexta ola venía muy alta. En los días previos no solo era fácil encontrar mesa entre los más concurridos, sino que eran los propietarios los que te llamaban el día antes, e incluso la misma mañana, para la confirmación de la reserva. El gran porcentaje de cancelaciones ha dado al traste con esa gran recuperación económica de antes del verano. Nunca estaremos lo bastante agradecidos a su dedicación y servicio, porque su resistencia visualiza la de las pequeñas y medias empresas en todos los sectores, las que sostiene la economía real y que siempre se quedan fuera de los focos etiquetados. Cada vez hay más persianas bajadas todo el día, y no hay que ser analista financiero para ratificar una tendencia muy negativa para el comercio local. Unas consecuencias para la trama urbana, pues el centro se llenará de franquicias, mientras los barrios acumularan cientos de bajos sin actividad.

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