Las declaraciones de Manuela Carmena a Onda Cero del pasado noviembre fueron premonitorias de lo que se movía en Madrid. Su denuncia de la esterilidad de la política actual y su afirmación de que se debían votar propuestas, no partidos, crearon la atmósfera para que los concejales cercanos a ella de Más Madrid avanzaran en su aproximación al PP de Martínez Almeida para pactar los presupuestos del Ayuntamiento. Antes, la rehabilitación del programa de Carmena, Madrid Central, facilitaba las actuaciones. Las declaraciones de la exalcaldesa incluían un desmarque de Díaz Ayuso, y las de Almeida, afirmando que su liderazgo tiene capacidad de pactar en diferentes direcciones, mostraban que este pacto con tres concejales «carmenistas» tiene relevancia para sus aspiraciones a dirigir el PP de la Comunidad y renovar su mandato en el Ayuntamiento sin necesidad de VOX.

Díaz Ayuso reaccionó con una entrevista a El País el domingo en la que se mostraba más moderada que de costumbre, sin desistir de su propósito de convencer a Casado de que lo mejor es que ella dirija el partido en su Comunidad. Sin embargo, a pesar de mostrar su mejor rostro, Díaz Ayuso no pudo evitar su específica forma de entender una entrevista. En lugar de responder las preguntas, las hacía; en lugar de explicar, atacaba. Esta es la peor manera de convencer, desde luego, pero ella no se da cuenta. De este modo lanza el mensaje de que su bronco estilo es el de ganar y anular, no el de persuadir.

El resultado de esta trama de enfrentamientos ya se aprecia en las encuestas. Casado y el PP bajan, rompiendo la tendencia anterior. La imagen de una patronal apoyando los acuerdos con los sindicatos y el Gobierno sobre la Reforma Laboral, situándose más en la moderación que el PP, nos da una idea de la profunda dificultad en la que se encuentra Casado para inspirar una política de Estado, preso como está de un dilema político paralizante. Mientras que la factura que la situación haga pagar a Sánchez puede beneficiar a la Vicepresidenta Yolanda Díaz, fortaleciendo el bloque del Gobierno, la factura que va a pagar Casado por sus indecisiones solo puede beneficiar a Ayuso-VOX. Yolanda Díaz no ejercerá nunca una opa hostil a Sánchez, pero Abascal desestabiliza al PP. Que cada comunidad del PP haya diseñado una agenda electoral diferente, y que cada una tenga su propia política de alianzas, desde la opereta de Castilla-León a las bodas galantes de Andalucía, muestra con toda claridad que el PP ahora es un campo de pruebas y no un partido alineado.

Todo se mueve en esta España del 2022, y no significa poco que el PSC se ofreciera para aprobar los presupuestos de Aragonés, iniciando una maniobra que las CUP han denunciado como un regreso al autonomismo. Al final, las cuentas han salido con la formación de Jéssica Albiach, pero a las CUP les da igual: el PSC está en el gobierno catalán, ha dicho Reguant. Las interpretaciones radicales de la situación delatan la voluntad de acelerar los procesos, algo en lo que nadie sensato está interesado, en una situación en la que los aplazamientos se han tornado esenciales. Lo mejor que puede pasar es que la situación se torne más fluida, no que cristalice demasiado pronto.

Lo mismo sucede en València, donde la sustitución del síndic de Compromís en les Corts puede dar paso a una reestructuración de la marca, con una Mónica Oltra dispuesta a jugar la baza de diputada nacional ministrable en la candidatura de Yolanda Díaz. Aquí, la desaparición de Ciudadanos, descabezado por la burda maniobra de Cantó, puede dar sorpresas generales. Un gobierno progresista debería estar alerta, y no hay seguridad de que la marca Podemos esté en condiciones de garantizar un nuevo tripartito. Sin embargo, un frente amplio que imite la operación de Yolanda Díaz en València sería verosímil con la propia Mónica Oltra al frente, lo que choca con la percepción dominante de que su trayectoria en la política autonómica ha concluido. Y la verdad, no veo a Marzà apoyando con fervor la operación Díaz.

En todo caso, fluidez y liquidez por todas partes, desde luego, y si no, véase Castilla-León. Las declaraciones de los líderes del PP de que las plataformas de la España Vaciada que se preparan en todas sus provincias son salvavidas para el PSOE, resultan tan creíbles como los motivos, ciertamente irritantes, de su cese de los consejeros de C’s. Habría que remontarse mucho en la historia para tener un ejemplo de un pago tan mezquino como el que se ha dado al partido de Arrimadas por entregarle al PP una comunidad que no había ganado.

Criticar de antemano estas plataformas provinciales es un vano intento, pues lo que las alimenta es, aparte de la condición existencial de la provincia, el desprestigio de los partidos tradicionales y su prepotencia. Al argumentar de este modo, el PP da un ejemplo adicional de arrogancia, que no hará sino intensificar una decisión firme, que vendrá inexorablemente a mezclarse con los profundos anhelos del antiguo reino de León por disponer de una visibilidad propia.

Esta fluidez se replica en Andalucía intensificando con toda urgencia las diversas candidaturas de Más Andalucía, aprovechando la decisión de la Junta de aplazar las elecciones hasta después de las castellanas. Todos estos movimientos tienen algo en común: la disposición de todos los actores a influir en las instituciones de la manera más intensa y provechosa posible. En este azogue político se aprecia una vitalidad democrática plural y apegada a la tierra. Ahí está el país de verdad. Sólo VOX permanece instalado en el bla, bla, bla de la tecnificación ideológica que esconde un estatalismo centralizador sin fisuras. Y por eso la democracia española lo derrotará.