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Alfons Garcia

A VUELAPLUMA

Alfons Garcia

¿Quién lo iba a decir?

Quién iba a decir que iba a empezar el año viendo la vida pasar a través de una ventana? ¿Quién iba a decir que a punto del tercer año de pandemia íbamos a batir récords de contagios? Al final, nada es tan diferente y esta tragedia histórica, como la de hace un siglo, va a alcanzar los tres años y se va a mitigar cuando la mayoría de la población se haya infectado. En eso estamos. La diferencia es la cifra de víctimas, diez veces menos ahora, lo que significa muchos millones de vidas. La diferencia es la protección que hemos sabido darnos con la vacuna. ¿Qué hubiera sido de este azote de ómicron sin lo que llevamos dentro (la inmensa mayoría)? Todo se podía haber hecho mejor y las dosis de refuerzo han llegando con algo de lentitud, cuando ya la sexta ola es un tsunami, pero quién podía imaginar esta virulencia de propagación. Detesto esa frase de ‘si algo hemos aprendido de esto...’ porque representa el ventajismo del día después. El juicio (fácil) desde el pedestal de lo ya visto. Lo único que deberíamos procurar es no hacer predicciones. Y las que menos, las triunfalistas. De esas han sobrado en todo este tiempo. Como en cada inicio de año, pisamos el terreno de los buenos deseos. Pero certezas, pocas. ¿Quién iba a decir que íbamos a vivir el año más duro de nuestras vidas? ¿Quién iba a decir que íbamos a empezar de esta manera este 2022 y sin atisbar un final seguro? La diferencia también con lo sucedido hace un siglo es un mundo de hoy tan atomizado e inestable que las grandes verdades se tambalean y todo se cuestiona. De todo se sospecha. No hay autoridad que se sostenga. Ni moral, ni política ni científica. Lo que en esencia puede parecer una virtud de estos tiempos se ha convertido en una lacra que cercena el progreso. Progreso. Escribo esta palabra mayúscula y me tiemblan los dedos. ¿Quién iba a decir que íbamos a ver una marabunta asaltar el Capitolio de Estados Unidos como un jardín de infancia? ¿Quién iba a decir que, después de lo vivido en el siglo XX, Occidente iba a estar ahora con dos ideologías exageradamente distanciadas y una masa extraña que tiene la desconfianza por bandera y se proclama libertaria? ¿Y quién iba a decir que en algún país la derecha iba a permearse a esa magma confuso? Ese es el mundo de hoy. Y toca encararlo.

No creo que se pueda decir ahora que, antes de todo esto tan extraño, lo teníamos todo. Por eso estamos así: vulnerables, frágiles y aturdidos por una ola contestataria que no sabemos cómo afrontar. ¿Quién iba a decir que 2021 iba a acabar con las grandes fortunas incrementando sus riquezas un 30 %? O que las nuevas empresas que más crecen sean las de reparto a domicilio y ventas a distancia, cimentadas en mucho trabajo precario a pesar del cartel luminoso y flamante de digitales que las presenta. Pues eso, que el mundo que teníamos no ha cambiado tanto por ahora. Y que sigue dejando un reguero de miseria moral que más vale comprender que demonizar. Porque ya está la extrema derecha esperando ese abandono social para poner sus redes a recoger víctimas. ¿Quién iba a decir que los grandes triunfadores del dinero hoy iban a ser personajes tan poco ejemplares como Elon Musk o Jeff Bezos? ¿Quién iba a decir que la desigualdad social seguiría creciendo? Porque sí, se ha creado más trabajo, pero la brecha entre los más poderosos y los más humildes no se ha cerrado ni un milímetro. ¿Lo teníamos todo? Teníamos una vida bastante dulce muchos en nuestra pequeña clase media occidental (más allá, mejor no mirar) instalada sobre una somnolencia consumista. Y este aerolito cargado de virus nos iba a abrir los ojos. Aún espero que sea así, pero los síntomas son de regreso a mucho de lo de antes. Posiblemente es pronto, pero me parece mejor actitud mirar al frente que no mirar arriba (siempre tiene algo de metafísico o divino) o bajar la cerviz. Queda mucho por hacer para recrearse en lamentaciones. ¿Quién lo iba a decir?

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