Qué es la Unión Europea? Un club de mercaderes, ni más ni menos. ¿Cuál es su prioridad? Vender productos de alto valor (industriales, tecnológicos …) fabricados mayoritariamente en el centro y norte de Europa. ¿Qué pasa con la agricultura? Pues es la moneda de cambio. ¿Cómo se articula este mercadeo? A través de los acuerdos bilaterales de la UE que favorecen la exportación europea de productos no agrarios a costa de favorecer la importación de productos agrarios. Tras renunciar al principio de preferencia comunitaria, Bruselas ha compensado la debilitada situación del sector con dos medidas que se han demostrado falsas. La primera, con una directiva de prácticas comerciales desleales que, mientras la agricultura no se excluya de la normativa de Competencia, siempre estará maniatada para garantizar precios dignos. Y la segunda, a través de las ayudas de la PAC que, mira por dónde, están enfocadas a los cultivos continentales y no a los mediterráneos que son precisamente los que pagan los platos rotos de las importaciones. Habría una tercera solución: un seguro de costes o de ingresos que no quieren desarrollar.

El Gobierno español apoya estos tratados porque siempre hay alguna empresa (eléctricas, telecomunicaciones, aseguradoras…) que aprovecha para introducirse en esos países terceros. Sí, son esas mismas empresas que en sus consejos de administración tienen ex altos cargos de diferentes gobiernos de diferentes partidos. Solo para justificarse, el Ministerio de Agricultura monta un teatro sobre la reforma de la ley de la Cadena Alimentaria. Su estreno está siendo verdaderamente desastroso, con una crisis dramática de la naranja y del caqui. Debido a sus limitaciones, sigue siendo papel mojado para un sector agropecuario incapaz de trasladar la escalada de los costes de producción a los precios percibidos. Sudáfrica nos ha enviado un 30% más de cítricos, además de hacerlo cada vez más tarde y solapando con los nuestros. Cada año está plantando más de 90.000 hectáreas, cuando en toda España hay 300.000. También Egipto está creciendo, como Turquía, Marruecos o Argentina. Todos ambicionan el mercado europeo. No solo preocupa la sanidad vegetal, está en peligro la viabilidad del sector citrícola, como ya demuestran las cifras oficiales de tierras dejadas de cultivar. La clase política no está en lo que toca.