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Julio Monreal

EL NORAY

Julio Monreal

Un lugar en el mapa

En pleno empacho por el obsesivo recuerdo de la tormenta Filomena que cubrió de nieve hace un año Madrid y sus alrededores y dañó muchos árboles de la capital le viene a uno a la cabeza que las autoridades ferroviarias estatales aprovecharon los efectos de la susodicha para liquidar parece que definitivamente la línea de ancho ibérico que ha unido 70 años Valencia con Utiel, Cuenca y la capital del Estado. Como su reparación resultaba demasiado cara, ahí van unos autobuses y punto final con silencio incluido. Porque salen más en el Telediario los niños haciendo muñecos de nieve hace un año que los vecinos de Cuenca, Camporrobles o Tarancón reivindicando hoy que no se cierre la línea que les mantenía conectados a las redes de transporte.

Es el mundo al revés. Mientras en el corredor mediterráneo se insiste una y otra vez en que hay que subir al tren los camiones para reducir las emisiones de C02 en el tránsito de mercancías, esa regla no vale para la España vaciada. Ahí se quitan trenes porque en las tablas de Excel de los chupatintas salen números rojos y se sustituyen por autobuses que también se eliminarán dentro de un par de años. Total, nadie va a protestar. Y si protestan son pocos, están divididos y nadie les escuchará. Pero luego va y resulta que sale un Teruel Existe, y panorama cambia (un poco).

Hay que electrificar el transporte pero sólo donde es rentable. El resto que se busque la vida. ¿Preocupados por la despoblación? ¡Ja, ja, qué risa! Un año después del cierre de la línea, si alguien conoce a una persona o a una familia interesada en irse a vivir a Camporrobles, Cardenete, Cañada del Hoyo o Carboneras de Guadazaón, por citar sólo algunos pueblos del trayecto, que levante la mano.

Pero es que desde Renfe, desde la Castellana, no se ven las vías, ni la vida que mantienen a su lado, ni los proyectos económicos y personales que alimentan. Por eso la ministra de Transportes, Raquel Sánchez, va a viajar esta semana a València para responder en persona a la carta que el presidente Ximo Puig le escribió recientemente llamando su atención sobre el mal estado de la red de cercanías ferroviarias en la Comunitat Valenciana. Pudiera ser que en ese encuentro el jefe del Govern plantee que el Consell quiere quedarse la línea Valencia-Utiel-Cuenca-Madrid, compartiendo su gestión con Castilla-La Mancha e incluso con Madrid, para incorporarla a la red de transporte de proximidad. Si en 40 años que en 2022 cumple el Estatut d’Autonomia se ha demostrado sobradamente que aspectos básicos para la ciudadanía como la atención sanitaria, la educación, los servicios sociales o una parte de la Administración de Justicia se gestionan mejor desde la cercanía, la fórmula puede (y debería) aplicarse al transporte ferroviario que no sea de larga distancia.

Sobran sensibilidad y capacidad. Y Europa ofrece ahora los recursos necesarios con sus fondos Next Generation EU. Lo ha demostrado en las últimas semanas el conseller de Política Territorial, Arcadi España, al presentar en sociedad un plan de 1.750 millones de euros para invertir en movilidad en el área metropolitana de València hasta 2035. Mientras algunos cacarean todo el tiempo y lo único que han hecho es cabrear a todo el mundo y agravar la quiebra de la Empresa Municipal de Transportes (EMT), otros, como el también titular autonómico de Movilidad están diseñando el futuro a medio plazo, con soluciones integrales que incluyen ampliación de las redes de metro y tranvía, integración de tarifas de distintos medios de transporte, creación de aparcamientos disuasorios para vehículos privados, habilitación de carriles especiales para autobús y para vehículos de alta ocupación (VAO) en los principales accesos a la capital y extensión de las redes de carriles bici hasta alcanzar 41 municipios del área metropolitana, incluso haciendo compatibles los distintos sistemas municipales de alquiler. Luego saldrá lo que salga, pero hay un plan, un horizonte, y esa estrategia debe incluir, lo antes posible, las Cercanías de Renfe para que resulte eficaz. La relación ferroviaria entre València y Castelló, o entre la capital del Turia y Gandia, no se gestionan mejor desde la Castellana, y la ministra lo sabe. Otra cosa es lo que quiera o pueda hacer.

Del plan de ampliación de metro y tranvía en València y su área merece especial mención el segundo túnel por el centro de la ciudad que ha planteado la Conselleria de Política Territorial para unir las estaciones de Bailén y Alameda, con una parada próxima a la Plaza del Ayuntamiento, con el fin de descongestionar el intenso flujo de convoyes y pasajeros por debajo de la calle de Colón y añadir nuevas frecuencias. El metro de València, que nació en 1989 como la penetración en la ciudad de las antiguas líneas de trenet con túneles nuevos, poco a poco ha ido ganando la condición de red que ha de llevar a este modo de transporte a resultados y consideración equivalentes a los de las más importantes ciudades del mundo, con la bicicleta y los itinerarios peatonales como principales aliados en una comarca casi completamente llana. Nazaret, Grao, Ciutat de les Ciències, La Fe, Xirivella, Alaquàs, Aldaia, Barrio del Cristo, Bonaire, Riba-roja... son los objetivos a alcanzar a corto y medio plazo, pero quedan más, en zonas no tan pobladas y con más problemas de conectividad pero con las mismas legítimas aspiraciones a mantenerse en el mapa, a seguir respirando.

Más oposición desde dentro del Govern

Parafraseando a Lineker y su famosa frase sobre el poderío futbolístico de Alemania, cabría decir que Compromís es esa coalición de partidos en la que, se mueva lo que se mueva, siempre gana Mónica Oltra. La vicepresidenta no quería que Vicent Marzà dejara su cargo de conseller de Educación para sustituir a Fran Ferri como portavoz en las Corts y todo parece indicar que se va a salir con la suya. El sector más numeroso –que no mayoritario, condición que nunca ejerce- de la formación naranja, se ha sacado de la chistera a Papi Robles para que sea la nueva síndica e incluso se ha esforzado en hacer creer que sale a propuesta de Marzà. Con Robles, Compromís está un poco más en la oposición parlamentaria de lo que ya apuntaba, que eso es lo que se pretende: leña a la nueva terminal del puerto, caña a las nuevas viviendas en Benimaclet, bienvenido todo lo que sea diferenciarse de los socios socialistas, especialmente en todo lo que suene a verde. El histórico líder del Bloc Pere Mayor se ha dado de baja recientemente de la coalición alegando que Compromís se había convertido en un apéndice del PSPV-PSOE, siempre «arrodillado» ante los designios de éste (¿?). Es como si lo de Robles fuera un guiño para que vuelva.

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