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Matías Vallés

Al azar

Matías Vallés

Cristina, en manos de su marido

En la primera gran noticia del año donde no se analiza a priori el estado de vacunación de sus protagonistas, aparece un balonmanista cogido de la mano de una Miss Álava. Ayer no se habló de otra cosa, aunque la ortodoxia fingiera interés por el precio del crudo. Está claro que el currículum de los seres humanos enlazados en la imagen no justifica por sí solo la atención dispensada. Todo cambia al recordar que el varón del revés a dos manos es el todavía esposo de Cristina de Borbón, hija y hermana de Reyes, número seis en la sucesión al trono por si han perdido la cuenta. De hecho, la portada de la revista Lecturas donde se concentra el escándalo dedica más espacio a una foto de la Infanta ausente de la escena que a los teóricos participantes. La jerarquía conyugal queda aclarada.

Es importante ahora retroceder en el tiempo, para adquirir perspectiva. Un balonmanista se dispone a ser juzgado por sus trapacerías. Al margen de la sorpresa ante la infección causada por la corrupción en un colectivo atlético de intachable reputación, el escándalo en sí mismo merecería una presencia concreta y escueta en los medios. Ahora bien, si Cristina de Borbón es la protagonista cuando su esposo aparece en manos de otra mujer, queda claro que los millones en subvenciones obtenidos por el cónyuge gracias a su matrimonio también recaen sobre la Infanta. Lo cual no precisaría de la demostración de una portada de revista rosa, pero es reconfortante que la prensa sensacionalista supere en exigencia ética a los medios teóricamente serios, que intentaron extirpar a la hermana del Rey del caso Nóos para que la Zarzuela les acariciara el lomo.

Pese al notable atractivo adicional que aporta Miss Álava, el balonmanista no es nadie sin el vínculo con Cristina de Borbón. La mujer teóricamente engañada era el ingrediente fundamental de las fotos de ayer, y la misma mujer que además cobraba también era la protagonista absoluta del comportamiento vicioso que penó su marido. Por eso la Infanta no puede exigirle fidelidad, solo silencio. Cuánto costaría una explicación detallada a cargo del único condenado de la pareja hasta la fecha.  

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