Se cuenta de Aníbal que decía, después de varios años de combatir, que las batallas las ganan los soldados cansados, esos que ya saben de qué va el lío (y lo evitan si es posible), que tienen una gran experiencia y que se quieren marchar ya a su casa como veteranos. Y sin embargo, el mismo Aníbal, por contraste, no parece que se aplicara a sí mismo estas palabras. Sus vacilaciones le hicieron desistir de tomar Roma, cuando era factible; y fue derrotado después de que Escipión asaltara a sangre y fuego la capital del imperio fenicio: Cartago. Bien lo relata Posteguillo en su novela histórica “Africanus”. Ir a por lana y volver trasquilado.

 Sin embargo, la frase de Aníbal la he oído en ocasiones con el latiguillo de que las batallas las ganan los soldados cansados con el aliento de sus jefes. Esto último quizá sea tan importante o más que lo primero. Si los que han de comandar se quedan paralizados, sin aliento, el orden se desmorona, tanto si se trata de una organización, una administración o cualquier empresa colectiva de ámbito social.

 La reelegida presidenta del Colegio de Médicos de Valencia, Mercedes Hurtado, ha declarado –Levante, 13 de enero-, a propósito de la pandemia y la falta de medios, que la saturación es tal que «muchos hablan de prejubilarse y colgar la bata». Y apunta que los médicos «tienen vocación, pero no de mártires».

 Ciertamente, después de dos años y con la sexta ola a cuestas, la cosa se hace pesada para todos, pero especialmente para los sanitarios sobre los que carga una enorme responsabilidad y que ven como al principio se les aplaudía…, y ahora se encuentran impotentes, ajados, a veces incomprendidos, y agotados por una carga de trabajo considerable y permanente.

 Más adelante, podremos hacer balance de la gestión política que, en mi opinión, ha sido deficiente: ahora no toca. Hay que apechugar, arremangarse y tirar hacia delante. Esto es compatible con el cansancio. Somos humanos y nada más propio que el desgaste de nuestra condición de vulnerabilidad. Pero es precisamente en estas situaciones donde se forja una personalidad madura y se aprende a valorar las cosas importantes –a veces, sencillas- de la vida. Viriliter age decían los clásicos: sé viril, valiente, ten coraje …; y sirve para nuestras sanitarias, la mayor parte, que muchas veces se arman de arrojo, de constancia y de paciencia más que los varones. Requiere de visión larga y de una esperanza sanadora no exenta de sentido del humor: no hay mal que cien años dure. Es la resiliencia que hoy tanto se reclama: obras son amores y no buenas razones.