En abril de 2020, entrevistaron a Noam Chomsky, lingüista de gran renombre, profesor emérito del Departamento de Lingüística de la Universidad de Arizona,  y miembro de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias, así como de la Academia Nacional de Ciencias Estadounidense. Chomsky, a sus 93 años, es asimismo uno de los pensadores más relevantes e influyentes de nuestro tiempo. En dicha entrevista, explicaba cómo el virus “es fruto de un fallo colosal en el mercado”, refiriéndose a las distintas etapas vividas y cuyo comienzo se sitúa en la epidemia provocada por el SARS en 2003.  

Chomsky aseguraba que, para explicar la pandemia COVID19, hay que remontarse precisamente a 2003, cuando “se reconoció el genoma y se creó una vacuna” contra el SARS. Además, “se predijo que otros coronavirus aparecerían y que deberíamos prepararnos para ello”. Sin embargo, aseguraba Chomsky que nadie “tomó el testigo”.

Un mes más tarde, en otra entrevista realizada en Pensadores ante la crisis-El País ideas, Chomsky afirmaba que “el origen de esta pandemia es el capitalismo exacerbado por el neoliberalismo. Se ve en cuanto miras lo ocurrido” y volvía a repetir que su origen provenía de la epidemia de 2003, que es muy similar a la actual. Declaraba el lingüista que se tenía que haber hecho algo para prevenir lo que los científicos sabían que iba a ocurrir y sin embargo no se hizo nada al respecto. Ante esta situación, el lingüista planteó dos preguntas: la primera de ellas va dirigida a quienes pudiendo hacer algo no lo hicieron, “las farmacéuticas infladas por mecanismos neoliberales y ricas en recursos, los laboratorios… bloqueados por algo que se llama capitalismo. No se saca beneficios de prevenir algo que va a ocurrir”, afirmaba Chomsky. La otra pregunta iba dirigida a los gobiernos, especialmente al de EEUU, por qué no hicieron algo.  La respuesta se encuentra en “la forma más salvaje del capitalismo, el neoliberalismo, quedando todo en manos privadas de manera que el gobierno queda bloqueado”, comentaba.

A pesar de que el COVID-19 es un problema importante en nuestras vidas, afirmaba Chomsky, no debemos olvidar los problemas del sistema educativo en general. Con ese aire inconformista y crítico que le caracteriza a Chomsky y nos hace copartícipes de sus pensamientos lanzaba un par de preguntas: ¿Queremos una sociedad en la que tratamos a los niños como recipientes en los que echamos agua y sale algo? ¿O queremos un sistema educativo que fomente la creatividad, la participación, la cooperación y te anime a cumplir tus metas y aprovechar las posibilidades que se abren ante ti para perseguir tus intereses?

El ilustre lingüista respondió a estas preguntas con una frase contundente: “Hay que proporcionar los estímulos y oportunidades para que sigan su propio instinto creativo para que exploren el mundo todo lo que puedan”. Una respuesta que acompañó explicando el proyecto de un grupo de estudiantes a los que se les formuló una pregunta: ¿Cómo vuela un mosquito bajo la lluvia? Los estudiantes reflexionaron con respecto a la presión que ejerce una gota de lluvia sobre un mosquito, que es tan grande que aplastaría a un ser humano; y sin embargo los mosquitos vuelan a través de la lluvia. Los estudiantes mientras estudiaban el vuelo de los mosquitos bajo la lluvia aprendían un poco de física, biología, nuestros organismos, etc. A través de este método de estudio en los centros escolares, se pueden hacer proyectos infinitos para satisfacer la curiosidad natural de los estudiantes, de manera que puedan entender cosas sobre el mundo.  Eso es la educación que, según Chomsky, debería implantarse en una época como la que estamos atravesando con toda las dificultades y la dureza de la pandemia que nos azota.

Por último, y en esa línea creativa de la educación, señalaba Kent Robinson en su libro Escuelas creativas (2016) que el mundo “está experimentando cambios radicales, así que también necesitamos una revolución en el terreno de la educación.” Explica Robinson que en algunos países ya se está gestando desde hace tiempo “y no viene de arriba, sino de abajo, como debe ser.” No deben olvidar nuestros gobernantes que cuando la crisis atenaza a una nación, como decía Nuccio Ordine, en su manifiesto de La utilidad de lo inútil, “es más necesario que nunca duplicar los fondos destinados a los saberes y a la educación de los jóvenes, para evitar que la sociedad caiga en el abismo de la ignorancia”. Que esas gotas de la lluvia que esquivan por su naturaleza los mosquitos y pueden ser un estudio placentero y creativo para los más jóvenes no caigan en el olvido.