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Elena Fernández-Pello

Conquistando territorios

Una dama de la Gallaecia romana, de nombre Egeria, parece ser la autora de la crónica viajera más antigua de la que se tiene fe en la Península Ibérica. Siguiendo la Vía Domitia aquella mujer, noble, culta y muy devota, peregrinó a Tierra Santa, visitó Jerusalén, Constantinopla, Siria, Egipto y Mesopotamia. Por el camino, que debió de ser extenuante y tuvo que estar plagado de peligros, Egeria iba escribiendo cartas, para enviárselas a sus amigas, contándoles lo que se encontraba, lo que más le sorprendía de los lugares por los que pasaba. El texto data nada menos que del siglo IV. Luego fue copiado, en el siglo XI, por un monje de la abadía benedictina de Montecasino, no muy lejos de Roma.

Es sorprendente la cantidad de mujeres que, a lo largo de la historia, salieron a explorar el mundo. De ellas era la casa, de los hombres el mundo. De hecho, para la mayoría de las mujeres la casa ha sido su mundo. Pero hubo algunas que, en los tiempos menos propicios, se pasaron las convenciones sociales por el forro y se echaron a los caminos. Las ha habido en todos los tiempos y en todas las latitudes, han viajado por tierra, mar y aire -ahí están pioneras de la aviación como Amelia Earhart -. Ese impulso aventurero pervive hasta la actualidad, porque es intrínseco a la naturaleza humana y no distingue de géneros.

Las mujeres lo tenían difícil para viajar, muy difícil. Mucho más si viajaban solas y sin la tutela de un varón de su familia. Aún hoy, en algunos lugares y circunstancias, persisten los prejuicios y hay que extremar la seguridad. Siglos atrás era una osadía. Había que estar loca para abandonar la seguridad doméstica. Aquellas locas ganaron grandes territorios para sus congéneres femeninas, para sus coetáneas y para las que vinieron después, los de la independencia, la autonomía y la fe en sí mismas.

Mujeres libres e intrépidas, unas veces, u obligadas por las circunstancias, que llegaron a lugares recónditos. Olga García Arrabal recupera las historias de un puñado de ellas en el libro “Odiseas femeninas. Once historias de mujeres de otro tiempo para viajar hoy”, de la colección de guías de viaje Anaya Touring. Son mujeres que, como dice la autora, “vivieron las más increíbles odiseas y luego decidieron sentarse a descansar”, que aprovecharon las oportunidades y aceptaron sus fracasos, pidiendo ayuda cuando la necesitaron sin sentirse en la obligación de demostrar nada. Esa actitud es útil en los viajes y en la vida.

Fue el caso de Emilia Serrano de Wilson, una periodista española contemporánea de la más popular Carmen de Burgos, Columbine. Nacida en Granada en 1834, vivió en París desde niña y sus padres le proporcionaron una educación cosmopolita y a los 15 años la casaron con un nobel inglés. Con él recorrió Austria, Alemania, Italia… A los 18 años enviudó y a los pocos meses murió su bebé. Su madre intentó animarla con lo que sabía que más le gustaba hacer: viajar. Juntas recorrieron media España. Más tarde, cuando ella ya había fallecido, Emilia Serrano se lanzó a la conquista de América, en 1865 emprende su primer viaje y acaba por ser la primera mujer española en recorrer el continente americano.

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