El presentador de radio, actor y humorista español Pedro Ruíz suele decir que lo bueno del cine es que durante dos horas los problemas son de otros. En la película No mires arriba protagonizada por Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence y Meryl Streep, se describe de forma satírica el empecinamiento de dar la espalda a la realidad, a los problemas que se han perpetuado y no se quieren resolver por la voracidad del tiempo que vivimos y que hacen tambalear nuestras apretadas e interminables agendas. Este síndrome no es exclusivo de la clase política, sino de toda la sociedad y de las instituciones en su conjunto. Creemos que los problemas son de otros, que no nos van afectar. En tiempos de pandemia, esta creencia ha adquirido una mayor fuerza porque se emite, escribe y publica sólo sobre el virus, los test de antígenos, PCRS, capacidad de las camas UCIS, bajas y altas laborales, número de vacunas, negacionistas, el caso Djokovic, mascarillas, distancias, cifras y datos que escapan ya a nuestra mareada razón.

Sin embargo, estos días han tenido que publicarse unos informes económicos como Oxfam, Caritas o La Caixa para caer en la cuenta que estamos olvidando una realidad que más temprano que tarde nos va a golpear. Desde la aparición de la pandemia, las diez personas más ricas del mundo han duplicado su fortuna, mientras que los ingresos del 99% de la población mundial se han deteriorado. Las desigualdades que está provocando la situación actual, destaca Oxfam, hacen que más del 80% de las vacunas han ido a parar a países del G-20, mientras que menos del 1% ha llegado a países de renta baja. En nuestro país, el informe Evolución de la cohesión social y consecuencias de la Covid-19 en España elaborado por la Fundación Foessa y presentado por Cáritas arroja unos datos estremecedores. 11 millones de personas están en riesgo de exclusión social, de entre los cuales 2,7 millones son jóvenes de entre 16 y 34 años. Los nuevos jóvenes que han acabado en riesgo de exclusión tras dos años de crisis sanitaria han subido en 650.000. Además, se ha duplicado el porcentaje de niños que viven en un hogar en el que ninguno de sus miembros está empleado.

A raíz de estos informes, el profesor y catedrático de Filosofía Moral Agustín Domingo ha publicado un artículo reciente, Cronificación de la pobreza, en el que va más allá de las cifras económicas y hace un análisis de otras cronificaciones que se dan desde los poderes públicos y la sociedad que ahondan el problema de la pobreza, ya que «también está relacionada con la inseguridad jurídica, la ineficiencia de las administraciones, la ausencia de cultura política común y la desmoralización de los agentes educativos». ¿Cuándo hemos escuchado en el debate político que la pobreza y todo lo que se deriva de ella tiene que ser asumido desde una estrategia y asunto de Estado? ¿Cuántos temas están en el candelero que hacen que miremos arriba sin darnos cuenta de lo que tenemos al lado? ¿Hasta cuándo un sistema educativo que incita al abandono escolar y con ello a la marginación y la miseria? Los problemas no desaparecen por arte de magia. Vuelven a nosotros sin piedad y con toda su crudeza. La pobreza no es producto de una maldición divina, sino que está sujeta a decisiones humanas, por lo que se requiere de nuestra implicación y responsabilidad para afrontarla y plantear iniciativas serias con estrategias y objetivos claros.

Al final de la película, la humanidad desaparece y sólo se salvan un grupo de elegidos por el gobierno de los EE.UU. Viajan a un planeta nuevo después de someterse a un proceso de criogenización. Al despertar, desnudos, mantienen esa superioridad y afán de dominación ante lo que ven. De pronto, son devorados por las criaturas que viven ahí. Desaparecen porque sólo se miraban así mismos. Creían que la historia sólo les pertenecía a ellos puesto que el mundo debía estar rendido a sus fantasías y sueños. Moraleja: mira a las personas desde lo que padecen y sufren y sólo así podremos comenzar a construir un mundo diferente y algo más humano. Mira la pobreza.