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Alberto Soldado

Casado, Trasíbulo y el cinismo

Pablo Casado. DAVID MUDARRA

Ryszard Kapuscinski lo recoge en uno de sus libros. Se trata de una de las narraciones de Heródoto, padre de la Historia. Trasíbulo estaba aliado con Periandro, tirano de Corinto. En un famoso pasaje de Heródoto en sus Historias (Libro 5, 92f), Periandro envía un mensajero a Trasíbulo pidiendo consejos para preservar su gobierno. Cuando regresó el mensajero, sólo pudo transmitir que, en lugar de responder, Trasíbulo se paseó con el mensajero a través de un campo de trigo y, sin decir palabra, fue cortando todas las espigas que sobresalían. Periandro captó el mensaje: interpreta que Trasíbulo le recomienda eliminar a todos los ciudadanos que destaquen y que puedan llegar a suponer un desafío a su poder.

Estas cosas de la falta de honestidad, del buen proceder con rectitud y justicia, ya se echaban en falta en los albores de la civilización. No es de extrañar que Diógenes de Sinope apareciera por las plazas a plena luz del día con un candil iluminado buscando un hombre honesto. Convengamos en la necesidad de diferenciar lo recto de lo quebrado, lo que dignifica la labor pública, que no es otra cosa que tratar con buena voluntad el solucionar los problemas, de lo que es indigno: un aprovechamiento personal de los recursos de todos en perjuicio del bien común.

Asistimos estos días a un buen ejemplo de la tiranía de Trasíbulo. Se cortan espigas que sobresalen y que pueden perturbar la paz del poder. Para ello se invocan con aires de trascendencia principios morales, en aras a una ejemplaridad necesaria. Si para Diógenes el cinismo era el alcanzar la virtud a través de una vida de asceta, en los tiempos que corren consideramos que quien falsea curriculums, consiente para conservar el poder la compra de voluntades a diputados necesitados de un puesto de trabajo y exige ejemplaridad a todas las espigas que le rodean, es ciertamente un cínico. Cínico es aquel que invoca principios sin que pueda presumir de ellos. También son cínicos quienes mienten para alcanzar el poder; quienes alzan la voz acusando a los rivales políticos y escondiendo las miserias de los propios porque eso puede tambalear mi zona de confort. Y son cínicos elevados a la enésima potencia quienes usan la hoz y cortan las espigas contra sus oponentes midiendo los tiempos tras el chantaje oportuno, o quienes amenazan con mover el tronco para desnudar a sus cómplices. O quienes afirman, tras lo de Galerías Preciados, que esto que vemos «hay que cortarlo porque perjudica a todos». Exhibir el cinismo de la clase política, y el de muchos de sus mensajes, es peligroso cuando las gentes que tienen el «privilegio» de currar ven cómo se acerca la miseria, cómo sufren los hijos sin destino.

Dicen que Alejandro Magno se ofreció a Diógenes en lo que ncesesitara y éste le respondió: «apártese un poquito que me tapa el sol y sólo necesito su luz».

De todo lo publicado en esta cínica democracia que nos toca soportar me quedo con una frase de Julio Anguita: «Voten a los honrados. Entre un honrado de derechas y un corrupto de izquierdas, yo votaré al honrado». De hecho él volvió a su escuela de maestro y fue despedido con la admiración general del pueblo. Diógenes estaría orgulloso de él. Otros prefieren ser Trasíbulos y además, cínicos.

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