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alberto soldado

Va de Bo

Alberto Soldado

Cumplidores de sueños

Se cumple un cuarto de siglo del campeonato fallero. Se ha celebrado, organizada por la Junta Central Fallera una semana recordatoria, con exposiciones, debates y talleres. El campeonato nació para sorpresa de todos con un espectacular éxito, patrocinado por el mecenas José Luis López. No ha dejado de crecer.

Hasta bien entrado el siglo XIX, las calles de la capital valenciana, como recogían los diarios de la época, eran un continuo disputar entre jóvenes pelotaris y vecinos. Pelotazos que rompían cristales, problemas para los viandantes…y continuas denuncias que no acabaron con el juego. Jóvenes pelotaris acabaron en la cárcel de San Miguel de los Reyes pero ni con esas. Y entonces ya existían los trinquetes de Pelayo, Juan de Mena y Marchalenes. Acabó con el juego en la calle la aparición de carruajes, tranvías y el aumento de todo tránsito. Y en Valencia, sólo la falla de Dr. Oloriz y Fabian y Fuero, cercana al viejo trinquet de Marchalenes, mantuvo la llama con un recordado torneo fallero que aguantó hasta finales de los años setenta del pasado siglo. En él participaron destacados jugadores aficionados de L’ Horta, incluso el Simatero de Genovés, Rafa Ortiz de Mislata o el Xatet II de Godelleta.

El torneo fue ideado hace 25 años, por Josep Chiralt, responsable de deportes de la Junta Central Fallera de la época. Con toda seguridad había conocido el Trinquet Levante de El Grau, pues era natural de los poblados marítimos. La competición cortó calles y plazas, una veintena cada domingo, hasta que los lógicos inconvenientes con vecinos y automóviles pusieron de manifiesto la necesidad de jugar en instalaciones. Y entonces las comisiones falleras tuvieron que emigrar a trinquetes y canchas de pueblos vecinos. Se reclamaron y hasta prometieron canchas en Nazaret y aún estamos esperando. Siempre hubo promesas, pero nunca se cumplieron. El torneo fallero, que moviliza a cientos de jugadores y jugadoras es una de las principales joyas del Joc de Pilota, la única idea triunfadora en el intento de urbanizar un deporte refugiado desde hace decenas de años en el ámbito rural, allá donde no ha sufrido las consecuencias de competencias lúdicas más atractivas y promocionadas.

Otra forma de fomentar la afición sería la construcción de pequeñas instalaciones de juego de iniciación en parques públicos. Volver a sacar el deporte a las calles de la manera que hoy puede hacerse.

Las primeras finales del torneo se jugaron en la Plaza del Ayuntamiento convirtiéndose en un espectáculo popular, masivamente seguido, del que nuestro diario siempre dio amplia cobertura. Volver a una final expuesta al público desconocido sería una buena idea. Y que esa final fuese televisada en directo por el canal autonómico debería ser una exigencia irrenunciable. ¿Acaso no lo merecen? El mundo fallero, que ha extendido la presencia del torneo por muchas poblaciones, ha demostrado ser merecedor de un profundo respeto. Todo lo hacen bien, con amor a la identidad, con respeto a la liturgia que ennoblece los sueños. Que cerca de cincuenta comisiones de la capital sigan fieles a esta manifestación es testimonio irrefutable de la importancia de esta obra.

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