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Julio Monreal

EL NORAY

Julio Monreal

El coste de no hacer nada

Torres fijas Sideinfo del sistema Guardian instaladas en la Cañada sur para proteger el bosque y la población que vive en la interfaz urbano-forestal.

En la inauguración del sistema de defensa antiincendios del Parque Natural del Turia en los términos de Riba-roja y Paterna, el catedrático de la Universitat de València Francesc Hernández Sancho, especialista en recursos hídricos y economía del agua, cerraba el acto este jueves con una reflexión sobre la colaboración entre organismos y personas y el valor de la proactividad frente a asumir el «elevado coste de no hacer nada». Se refería a la cuestión de la sostenibilidad ambiental, a la amenaza permanente y creciente que las actividades humanas constituyen para el planeta, pero también al riesgo que supone para las personas vivir cerca de un bosque que en cualquier momento, por una simple chispa, puede desencadenar una tragedia.

El estudiante universitario Carles Pardo Ros pudo conformarse con no hacer nada, pero dedicó su trabajo de fin de grado a analizar las posibilidades de reutilizar el agua de la depuradora Camp de Túria II para usos agrícolas, industriales o de protección contra incendios. El alcalde de Riba-roja, Robert Raga, pudo no hacer nada, pero se interesó por el proyecto del estudiante de Ciencias Ambientales, buscó en la empresa Hidraqua un socio tecnológico y convenció a su colega de Paterna, Juan Antonio Sagredo, para que compartiera el proyecto, al que se bautizó como Guardian. La idea fue creciendo y ganó nuevas aportaciones, como las de la consultora de Carcaixent Medi XXI, que puso 400.000 euros de su bolsillo para participar; la fundación privada Cetaqua, que se encargó de certificar que el agua tratada que lanzan los cañones sobre el bosque del Turia es apta y no pone en peligro la biodiversidad de la zona; la Universidad Politécnica, que trabajó en investigar cómo y cuánto se puede regar la masa forestal para que resista más al fuego sin verse alterada; y la ya citada Universitat de València, que analizó los costes de la actuación con la vista puesta en su viabilidad y en su aplicación posterior en otros lugares, y también el precio de no actuar, asumiendo riesgos elevados para los 15.000 habitantes de las zonas lindantes con el bosque, para sus viviendas y propiedades y para el propio ecosistema.

La suma de entusiastas participantes en el proyecto Guardian es un auténtico ejemplo de colaboración público-privada, de una alianza modélica alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible que la ONU lanzó al mundo en 2015, y así lo entendió la Unión Europea, cuya oficina Urban Innovative Actions (Acciones Urbanas Innovadoras, conocida por sus siglas en inglés UIA) decidió aportar el 80 % de los 5,5 millones de euros que ha costado poner en marcha el tratamiento del caudal, los depósitos, las conducciones, los sensores que monitorizan el bosque en tiempo real y los 52 cañones de agua que han sido instalados en las franjas en las que el bosque del Turia y las urbanizaciones de la zona se tocan para evitar riesgos a ambos. Los resultados son tan positivos que el proyecto va a tener continuación con la incorporación de nuevos actores, como el Ayuntamiento de l’Eliana, y tanto las investigaciones que lo han hecho posible como el conjunto de la intervención serán aplicados en otros lugares para conseguir objetivos similares. Concluido este proyecto pionero gracias a la fe en las alianzas y la investigación, por qué no soñar con la solución a la quema de la paja del arroz o con unos monumentos falleros que no contaminen al arder.

Aunque todo el mundo está de acuerdo en que las alianzas y la colaboración solidaria son imprescindibles para afrontar los importantes retos que la sociedad tiene por delante, como se ha visto con la pandemia, se ve con la guerra en Ucrania y sus consecuencias económicas y sociales, y se aprecia cada día con el desafío ambiental, la inacción y el enfrentamiento son prácticas corrientes. Lo subrayaba esta semana en València el ex diputado y ex ministro Jordi Sevilla, quien analizaba los retos que proyecta el siglo XXI y concluía que hacen falta unos nuevos pactos políticos y sociales adaptados a la necesidad de que lo público y lo privado colaboren sin reservas. «Si tú no separas la basura en tu casa no sirve de nada que el ayuntamiento ponga un camión para cada residuo. Hay que alinearse y trabajar unidos en lo individual y en lo colectivo», señalaba en un foro empresarial organizado por la Asociación Española de Directivos (AED). Sevilla mantiene que «hay que ayudar a los políticos porque si sale mal perdemos todos. Hemos de ser mucho más que espectadores, imponernos el propósito de colaborar».

En el mismo foro en el que intervenía el economista valenciano se puso de manifiesto un ejemplo que ilustra bien lo que la sociedad es y lo que podría o debería ser. Un estudio realizado en Estados Unidos concluyó que esa máquina de taladrar que está presente en cada casa, que los padres regalan a los hijos cuando estos se emancipan y que suena como una pesadilla los domingos por la mañana tiene un uso real, efectivo, de unos nueve minutos en toda su vida útil. Esta sorprendente revelación debería conducir a la socialización de cada taladro pero, como es lógico, el mercado tiene otros planes y trabaja la idea de que es necesario que cada uno tenga plena autonomía bricolajística. La llamada economía colaborativa se abre camino con fórmulas como Wallapop, Vinted, Airbnb y muchas otras, aunque con dificultades y resistencias. La tecnología da alas pero la actitud es imprescindible, porque cruzarse de brazos y no hacer nada tiene un coste inasumible.

«Qui és Sandra Gómez?»

La secretaria general de los socialistas en València ciudad y vicealcaldesa de la capital resulta reelegida líder de su formación por aclamación en un congreso y la emisora pública de TV À Punt le hace una entrevista, en la que Sandra Gómez declara que aspira a ser ella, y no el alcalde Joan Ribó, la persona que lidere en 2023 la coalición de izquierdas que gobierne el ayuntamiento. Las palabras de la entrevistada no fueron correctamente trasladadas a las redes sociales y el (único) diputado de Compromís en el Congreso, Joan Baldoví, acudió en apoyo de los suyos, tan raudo como desafortunado, al grito de «Sandra Gómez? Qui és Sandra Gómez?», armando la marimorena. No esperaría el casi siempre mesurado Baldoví que la vicealcaldesa asumiera como si fuera una norma del derecho natural que el PSPV-PSOE continúe quedando por detrás de los soberanistas toda la vida. Los dos partidos, como los demás, saldrán a ganar en las urnas, pero de momento es Compromís el que tiene un problema de candidato. Ribó ha dicho que la guerra y la crisis económica son «un embolao guapo», un panorama que no le anima a concurrir a la reelección, y esa expresión va a ser aprovechada por quienes sí tienen ambición de gobernar la ciudad, incluida Sandra Gómez, quien al frente del área de Desarrollo Urbano empieza a cosechar los frutos de un trabajo de equipo y de siete años de dedicación incansable. Ha llegado la hora de diferenciarse y todos jugarán su papel. Es la democracia.

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