Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Manuel Campo Vidal

La crónica

Manuel Campo Vidal

Si Francia cae, la Unión Europea colapsa

Esto es un sinvivir, con un “¡Ay!” permanente. Que si Putin invade Ucrania, o si le da al botón nuclear; que si los tipos de interés siguen escalando hasta ahogar en todas partes a las clases más desfavorecidas; que si la Presidencia de Francia cae en manos de una señora como Marine Le Pen de extrema derecha aunque maquillada de moderación... Tiempos difíciles, como escribió Charles Dickens; o más difíciles todavía, porque ahora, encima, son incesantes y vertiginosos.

 El debate cara a cara en TV entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen fue muy didáctico: hay dos Francias bien distintas representadas por cada uno de ellos. La fractura es muy seria y afecta a casi la mitad de la población que vota. Pero existe una tercera Francia, que es la de la abstención y la desconfianza en las instituciones. El cara a cara lo siguió un millón menos de personas que hace cinco años; y solo la mitad de los que vieron los debates en las presidenciales de 1981 y 1988. Calculen, con esas pistas, la desafección.

 Macron propugna la fortaleza del eje franco-alemán, núcleo de la construcción europea. Italia y España, tercera y cuarta economía de la Unión, completan ese grupo director. Y luego el resto hasta los 27, con mayor o menor entusiasmo, como el que muestran regímenes iliberales, que tienen dificultades para respetar los derechos humanos en la vida cotidiana y la justicia europea; va eso por Hungría y, en ocasiones, por Polonia. Pero aún así, nadie quiere salir de la Unión porque el Brexit ya mostró las consecuencias nefastas de semejante decisión. Con todo, la Unión resiste una guerra a sus puertas, abre su solidaridad a los cinco millones de refugiados ucranianos y esquiva, por el momento, todos los intentos de división que le tiende Putin.

Le Pen lleva ensayando su papel moderado desde hace años pero Macron tuvo la habilidad dialéctica de que aflorara en el debate su verdadero pensamiento. No quiere sacar a Francia de la Unión afirma ahora, pero critica casi todas sus decisiones y prefiere fortalecer el estado-nación. Propugna una alianza de seguridad con Rusia lo que desaira a la OTAN, especialmente porque Francia es una potencia nuclear.

 Una victoria de Le Pen no solo dañaría gravemente a Francia sino que desestabilizaría a la Unión Europea sin comparación con lo que supuso el Brexit. Piensen que hace cinco años Le Pen en el mismo debate discutía la vigencia del euro como moneda común. Una eventual salida de Francia de la Unión, o su permanencia con restricciones máximas, quebraría la libre circulación de personas y mercancías, base del mercado común. Sin Francia en el club, volverían las aduanas a los Pirineos y España y Portugal quedarían en una isla.

 Sin embargo, Le Pen puede ganar en un plazo de cinco años porque Macron, que no gusta demasiado por su ideología líquida y sus rasgos arrogantes, no podrá volver a presentarse. Con el Partido Socialista y los Republicanos pulverizados, habrá que inventar otra figura solvente que cierre el paso al populismo autoritario de la extrema derecha disfrazada.

 Y entre tanto, gobernar lo que se pueda. Macron sabe que tiene a casi la mitad de los franceses en contra y que, además, han normalizado por tercera vez el voto a una formación que cree en una Francia que deje de ser la de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Inquietante.

Compartir el artículo

stats