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Cristina Manzano

Dejad que Ucrania entre en la UE

Decían Felipe González y Helmut Kohl que los líderes europeos que apoyaron al canciller en su impulso por lograr la reunificación alemana en un breve plazo se podían contar «con los dedos de una mano». «¡Y todavía sobraban dedos!», añadía González. La anécdota la recuerda José Ignacio Torreblanca en una obra que relata la improbable relación entre ambos mandatarios –uno maduro, otro joven; uno conservador, el otro socialista; uno de la potente Alemania Federal, otro de la emergente España– y que se titula precisamente así: Con los dedos de una mano. Felipe González y Helmut Kohl: una relación especial.

La rápida reunificación alemana tras la caída del Muro fue una decisión puramente política, fruto de una clara visión de las oportunidades que da la historia. La posibilidad de que Ucrania llegue a entrar en la Unión Europea debería ir en una línea similar.

Durante años, pero sobre todo desde el Maidán, la batalla de Ucrania se ha librado por los valores que dice representar la UE. La respuesta se acabó plasmando en la firma del Acuerdo de Asociación UE-Ucrania y en el refuerzo de la Política Europea de Vecindad (PEV). Desde 2014, Ucrania ha recibido más de 17.000 millones de euros en subvenciones y préstamos para ayudar a estabilizar su economía, realizar reformas estructurales, mejorar la vida de su ciudadanía y mitigar las consecuencias del conflicto en el este del país. Pero de entrar en el club, ni hablar.

Está claro que la PEV no ha logrado uno de sus fines primordiales: garantizar la estabilidad y seguridad en las fronteras de la Unión (basta ver cómo está el panorama). Tampoco hay un balance definitivo de cómo han influido realmente el Acuerdo y la PEV en la realidad económica, política y social de Ucrania, aunque sí han propiciado algunos avances.

En las últimas semanas, ya bajo la invasión rusa, el presidente Zelenski ha renunciado públicamente a entrar en la OTAN, pero ha reforzado su llamamiento a entrar en la Unión y ha firmado formalmente la solicitud de ingreso. La presidenta de la Comisión Europea ha recogido el guante afirmando que Ucrania es «uno de nosotros y los queremos con nosotros». Es más, en su reciente visita a Kíev, junto con el vicepresidente de la CE Josep Borrell, entregó personalmente al líder ucraniano un cuestionario necesario para obtener el estatus de candidato, asegurando de paso que se aceleraría el proceso de examen de adhesión.

Nunca antes la CE había hecho entrega de tal documento en una ciudad recientemente bombardeada y en un país en guerra. Nunca tampoco ningún Estado había tardado tan poco en devolverlo cumplimentado, apenas diez días después. Es parte del procedimiento de evaluación para que los Estados miembros decidan, o no, otorgar a un país solicitante el estatus de candidato. Un trámite que suele demorarse meses. Está previsto que, en el caso de Ucrania, sea aprobado en la reunión del Consejo Europeo de los próximos 23 y 24 de junio.

En los círculos comunitarios, sin embargo, sigue apreciándose una gran dosis de escepticismo sobre la futura incorporación del país, al menos en un plazo relativamente corto. No hay que olvidar que, una vez aprobada la candidatura, se abre un proceloso proceso de 35 capítulos. Es cierto, implicaría numerosas complejidades: por tamaño, por disparidad, por composición de su economía, por necesidad de consolidar prácticas democráticas, y por cómo quedará tras la guerra… y todo ello sin tener en consideración cómo se recibiría la noticia de la adhesión en Moscú.

Pese a todo, la UE haría muy mal ignorando, o camuflando en sus tediosos esquemas burocráticos, los deseos ucranianos de pertenecer al club. No después de esta guerra. El coste político interno, y sobre todo externo, sería tremendo. La confianza se desplomaría. Se acabaría viendo tan solo a la UE como un grupo blindado de países privilegiados encerrado en su fortaleza. Así que, como también sugirió Von der Leyen, toca ser creativos. Buscar fórmulas que ofrezcan a los aspirantes –Georgia y Moldavia también han presentado ya sus solicitudes y había ya otros en la lista de espera–, por ejemplo, accesos en diferentes fases; que les permitan ir afirmando los principios y valores sobre los que se basa la Unión al tiempo que refuerzan sus instituciones. Las cuestiones técnicas pueden ser resueltas. Lo que hace falta es una firme decisión política.

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