En el siglo V a.C., el estratega y militar chino Sun Tzu ya dijo: “Entendamos el arte de la guerra y prevaleceremos. Ignorémosle y lucharemos en la oscuridad “.

Pues bien, la inmensa mayoría de los medios de comunicación occidentales, están provocando que no entendamos ese “arte de la guerra”, haciendo ver que Rusia ha provocado una guerra a lo loco, de forma demencial y abusiva.

Seamos claros, esta guerra de Ucrania no es una guerra ruso-ucraniana, es una guerra ruso-americana, la enésima guerra ruso-americana. Ucrania únicamente es el instrumento usado por EE.UU. para hacerle la guerra a Rusia. Y recurro a la historia para justificar esta afirmación. Las Coreas (Norte y Sur), sólo fueron un instrumento para una guerra chino-americana en los años cincuenta. Igual que Vietnam fue un instrumento soviético para hacerle la guerra a EE.UU. O Afganistán fue el instrumento usado por EE.U.U para hacerla la guerra a la Unión Soviética. Y posteriormente, volteando la tortilla, Rusia y China, usaron Afganistán para devolverle la confrontación a EE.UU. Por no hablar de Irán, Irak. Siria,…

Así pues, siempre hubo peones al servicio de intereses extranjeros, tontos útiles embelesados por fuerzas poderosas ajenas a sus territorios. Y en este caso, Ucrania es un peón más. Otro tonto útil.

Ucrania no tiene los medios, los recursos, ni la fuerza necesaria para enfrentarse a una gran potencia. Es una especie de suicidio inducido por otros. Seamos sinceros y no nos hagamos los tontos. EE.UU. sabía que si intentaba ampliar la OTAN hasta Ucrania,  Rusia iba a reaccionar. Al igual que EE.UU. reaccionó de la misma forma en 1962, cuando la Unión Soviética, con Nikita Jrushchov de presidente, intentó instalar una base de misiles en Cuba. Todos sabemos la reacción del presidente Kennedy (bloqueo naval a Cuba, aviso de apretar el botón nuclear), con la amenaza que si no se retiran los misiles, aquí nos enzarzamos todos.

Pues igual ha sido la reacción rusa. Pero queridos lectores, no se me despisten. Esta no es la cuestión. Nadie se cree que esa reacción haya sido ninguna sorpresa, con tanto experto, tanto analista, tanto tertuliano sabelotodo pululando por todos las medios audiovisuales.

La primera cuestión importante es saber que busca EE.UU. con todo esto. Y es fácil de imaginar.

EE.UU. en su intento  para frenar el auge ruso y golpear su economía, sabía que si desataba una guerra entre Rusia y Ucrania, iba a conseguir enfrentar a Rusia con uno de sus mejores clientes.  ¿Y quién es ese buen cliente comercial de Rusia? Pues Europa, que le compra el gas, el petróleo y carbón.

De esta forma, EE.UU no sólo mete en problemas a Rusia, sino que, además, la sustituye como proveedor de productos energéticos a Europa (eso sí, a un precio más alto), con el efecto colateral, de darle un empujón importante a la industria armamentista.

Para terminar de montar la narrativa, hacía falta una abusiva propaganda que nos haga creer que Rusia está debilitada. Insisten mucho en que después de unos meses, Rusia no ha podido hacerse con el control de Ucrania, y eso es señal de debilidad y declive. Parecemos no recordar que EE.UU., en veinte años, no consiguió conquistar Irak ni Afganistán, de donde tuvo que salir vergonzosamente, el año pasado, junto con sus aliados occidentales que sin el “papá” americano son incapaces de mover un dedo.

 

Nuevamente refiriéndome al maestro Sun Tzu, hay que entender el “arte de la guerra”. La determinación de los pueblos es imposible de aplacar. Cuando un pueblo está decidido a no ser conquistado, no hay ejército, por poderoso que sea, que lo pueda dominar. Hagamos memoria. La Britania y la Germania nunca pudieron ser controladas por Roma. España nunca pudo ser conquistada por Napoleón. Rusia no pudo ser dominada por la Alemania nazi. Vietnam no pudo ser sometido por EE.UU. Afganistán nunca pudo ser controlado ni por soviéticos ni por la OTAN. Tampoco Irak.

Así pues, la segunda cuestión sería saber si el pueblo ucraniano tiene esa determinación. Y en ese sentido, Rusia se está cuidando mucho de usar toda su fuerza, para tratar de no soliviantar en exceso esa determinación del pueblo ucraniano.

 

¿Cómo va acabar todo esto? Pues la clave, aunque a priori no lo parezca, está en Asia.

De esa zona han salido ya dos intentos de proyecto imperial. Primero con el Imperio Mongol de Gengis Kan (siglos  XIII al XIX) que cayó por desavenencias internas. Después el intento del Imperio Nipón, que terminó con las bombas de Hirosima y Nagasaki.

Y ahora, el último es China. Consciente que EE.UU nunca va a tolerar la existencia de una superpotencia asiática que le haga sombra a nivel mundial, China sabe que no puede permitir la caída de Rusia, porque si Rusia cae, el próximo objetivo para EE.UU va a ser precisamente la propia China.

Y aunque no creo que nos fuera mejor con los chinos, también Europa ha sido víctima de estos intereses ajenos. Por un lado, unos países obligados y sometidos a un oscuro Pacto de Varsovia impuesto por Rusia y por otro lado, otros países, que en vez de ser más racionales y neutros, se apuntaron entusiasmados a una OTAN donde se defienden unos intereses transatlánticos que no son los nuestros.

 

Siendo conscientes de las dinámicas geopolíticas mundiales, es una ingenuidad caer en la trampa de ver esta lucha, entre EE.UU. Rusia y China, como un juego de buenos y malos, lo que ha llevado a muchos países, desde el pasado siglo, a ser meros comparsas y lacayos de políticas imperiales.

Visto el caso de Ucrania, que sólo está siendo el patio de enfrentamiento de estos tres “primos” de Zumosol, la pregunta es, ¿Quién será la próxima Ucrania? ¿Qué nuevo peón o tonto útil será tan torpe como para prestarse a jugar en el tablero de intereses rusos, estadounidenses o chinos?

Gracias maestro Sun Tzu por intentar, hace ya dos mil quinientos años, que entendamos el “arte de la guerra”, entendimiento del que tan necesitados están los actuales dirigentes políticos de unos y otros lados.