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Julio Monreal

EL NORAY

Julio Monreal

Un azud en familia

Alfonso Grau y Rita Barberá

La memoria de Rita Barberá, alcaldesa de València durante 24 años, no gana para desgracias. Cuando sus hagiógrafos se relamían de gusto por el archivo en el Tribunal Supremo de la última carcasa del llamado «caso pitufeo» y ya preparaban actos de homenaje y reivindicación pública para limpieza de su nombre va la justicia valenciana y levanta el secreto del sumario de otro caso, conocido como «azud», que vuelve a empañar su figura y su legado. En él se recoge entre otros detalles que el cuñado de Barberá, el abogado José María Corbín, marido de la hermana y jefa de gabinete de la alcaldesa, cobraba 3.000 euros mensuales del supuesto corruptor de políticos, el constructor Jaime Febrer, a cambio de conseguir entrevistas con la primera autoridad municipal e información privilegiada de proyectos locales.

La que fue considerada en un tiempo «alcaldesa de España» desarrolló en su ciudad una política y una gestión que pudieron ser más o menos acertadas a lo largo de un cuarto de siglo, pero el recuerdo que quedará de ella está asociado directamente al destino judicial que tengan los suyos, ya que su fallecimiento en noviembre de 2016 extinguió cualquier responsabilidad penal que pudiera alcanzarle.

En este sentido, el reciente archivo en el Tribunal Supremo de la última subpieza que quedaba de la investigación por blanqueo de capitales a 50 concejales, asesores y militantes del PP que aportaron 1.000 euros de su bolsillo para pagar la campaña electoral de 2015 en la que eran candidatos ponía fin a casi seis años de calvario personal y político de todos ellos y levantaba el velo que oscurecía el recuerdo de Barberá, también incluida en aquella causa. La justicia no ha podido determinar si los aspirantes a ediles de València sabían que su partido les devolvió aquel dinero con fondos de procedencia ilícita y al final tuvo que levantar el pie en un auto de archivo del pasado 19 de abril.

Pero la dicha nunca es completa, y antes de que pasara una semana, el fin del secreto de sumario sobre la mayor parte del «caso azud» sacaba a la luz los detalles de funcionamiento de una supuesta trama de cobro de comisiones centrada en el constructor Jaime Febrer que alcanzaba a más de 60 investigados en el ámbito del Ayuntamiento de València por actuaciones entre los años 2006 y 2015 y que otorgaba papeles estelares al vicealcalde Alfonso Grau, mano derecha de Rita Barberá en los últimos años de su mandato; al abogado José María Corbín, en el personaje de conseguidor de la trama como cuñado de la alcaldesa y marido de su jefa de gabinete; y al ex concejal socialista Rafael Rubio, detenido cuando era subdelegado del Gobierno, y señalado en la causa como receptor de 300.000 euros de Febrer.

Existe un consenso general entre los informados y los próximos sobre los distintos protagonistas de la investigación. Nadie pone la mano en el fuego por Grau, quien ya ha pasado por el banquillo e incluso por la cárcel. Salió indemne del caso Nóos pero le cayó condena por su relación con ciertos relojes de lujo que le regalaron y que él se empeñó en cambiar por otros de mayor valor. La segunda fase del «caso azud» le llevó a la cárcel y se le atribuye el cobro de dos millones de euros en comisiones.

En contra de las sensaciones que provoca el encausamiento de Grau, la implicación de Rafael Rubio suscita incredulidad, especialmente entre los suyos y quienes le conocen bien. Todos coinciden en que el que fue candidato socialista a la Alcaldía de València en 2003, diputado autonómico y provincial y subdelegado del Gobierno por decisión del ministro José Luis Ábalos no puede ser la persona señalada como cobradora de una mordida de 50 millones de pesetas al cambio por guardar silencio y dejar actuar a la trama de Febrer. Pero todos al mismo tiempo se hacen la misma pregunta: ¿Por qué la jueza ha tenido a Rubio dos meses en la cárcel y le mantiene como uno de los principales encausados?

El tercer papel protagonista es el de Corbín, el abogado que bautizó su barco de recreo como «Dragon Rapide» en homenaje al avión alquilado con el que el dictador Francisco Franco voló de Canarias a Tetuán para ponerse al frente del golpe de estado de 1936. Si las pruebas practicadas son sólidas, apuntan a que el letrado facilitaba entrevistas, reuniones, contactos e información de interés para empresarios sobre todo lo que se cocía en el ayuntamiento que presidía su cuñada, Rita Barberá, quien había incorporado en 1991 a su hermana Asunción, funcionaria de carrera en Burjassot, como su jefa de gabinete, cargo que mantendría hasta su salida de la alcaldía en 2015.

Las actuaciones que el sumario atribuye a Corbín han frenado en seco las habituales y hasta hace poco crecientes palabras de reivindicación de la figura de Barberá como un valor histórico a recuperar. El propio presidente popular autonómico Carlos Mazón sorprendía esta semana a su audiencia en el Casino de Agricultura de la capital al afirmar que María José Catalá «va a ser mejor alcaldesa que Barberá», aclarando ante las toses incómodas de los presentes que ha de ser propósito de todo político mejorar la tarea de sus predecesores.

Del mismo modo que los militantes socialistas creen en la inocencia de Rubio, los populares ponen la mano en el fuego por Barberá, a quien creen incapaz de haberse beneficiado personal e ilícitamente de su cargo. El mohín aparece en sus rostros al plantearse cómo fue posible, si es que sucedió de ese modo, que la alcaldesa no se percatara de lo que dos de sus próximos, Grau y Corbín, cocían a su sombra, duda que se extendería al papel de su propia hermana, la jefa de su poderoso gabinete.

Para la pequeña historia de la pequeña política local quedará que fue la concejala de Compromís Consol Castillo quien fraguó el golpe de gracia a la era de Rita Barberá reuniendo durante un año facturas de gastos y regalos de cajas de naranjas de la alcaldesa a altas magistraturas del Estado, empaquetando el lote y presentándolo en vísperas electorales como el «escándalo Ritaleaks», pero falta por saber si la familia y los allegados de la por muchos añorada alcaldesa tendrán un protagonismo aún mayor en su caída irreversible y definitiva en desgracia.

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